RAY BRISTOL: veterano de guerra y afectado por el Sindrome de la Guerra del Golfo

Soy un padre de familia con esposa y tres hijas. Yo creía en la libertad y en la democracia. Para contribuir a ello me presenté voluntario en las Fuerzas de Reserva. Me apunté a los servicios médicos de las Fuerzas Armadas para no tener que matar. Sí, me presenté voluntario a la Guerra del Golfo. Yo fui allí para atender a las bajas de la guerra, las bajas de ambos bandos. Me siento orgulloso de poder afirmar que nosotros atendimos a los heridos con una dedicación mayor que la dispensada por mi gobierno a los afectados del Síndrome de la Guerra del Golfo. 

Volví de la Guerra del Golfo y empecé a desarrollar distintas enfermedades. Tengo problemas de memoria ya que tengo daños orgánicos cerebrales. Tengo visión doble y pérdida de la vista periférica. Mi cuerpo no controla la temperatura muy bien y puedo estar en la nieve con un pantalón corto y una camiseta pues tengo demasiado calor y, a veces, cuando hace calor y es un día soleado, tengo que abrigarme más porque tengo frío. Tengo dificultades para tragar y respirar. Tengo problemas hepáticos, renales, del colon, de la vegija. Y además sufro dolores en todos los músculos y en las articulaciones. 

Quise saber porqué estaba enfermo y si había alguna cura para lo que estoy padeciendo. No recibí ayuda. Tuve que cambiar de médico de cabecera. Acudí al ejército, y la valoración fue maravillosa. A todos los veteranos les ocurrió lo mismo. La información que obtienen no se traslada a los médicos de cabecera, sino exclusivamente a los abogados del Ministerio de Defensa. La utilizan como prueba en los juicios. 

Pedí información acerca de los procedimientos a seguir tras la contaminación: no me la daban. Finalmente me invitaron al Ministerio de Defensa donde me arrojaron un documento encima de la mesa con un comentario del responsable de la Unidad de Enfermedades de Veteranos de la Guerra del Golfo. Los procedimientos que se deberían de seguir si uno se expone a radionucleóticos suponen un lavado de pulmones en las primeras 48 horas de exposición. Cuando lo supe habían pasado 8 años.
Quería aprender más acerca del uranio empobrecido y entonces acudí a una conferencia médica en Bagdag (1998). Fue para mí un punto de inflexión. Tras ella me convertí en activista contra la utilización del uranio empobrecido. Llevé juguetes y regalos a los niños que iba a conocer. Dejé los regalos en el Hospital Infantil: una niña ni siquiera tenía fuerza para abrir los ojos y recoger su regalo. En el hospital no había nada. Los niños enfermos siempre se han visto rodeados con equipos de alta tecnología y lo único que los niños tenían alrededor en el hospital eran padres sin esperanza en el rostro. 

Quién podía creer lo que iba a ocurrir en Alemania en la década de los 30. Yo comparo a los gobiernos británico y estadounidense con Adolf Hitler. Es bastante triste que hayamos llegado a estos niveles de manipulación de la población.

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