Principio y Koniec

Las sagradas escrituras lo dejaron escrito: en el principio fue el verbo. Nuestros contemporáneos, sea el escritor Naguib Mahfuz o el cineasta Arturo Ripstein, dieron vueltas al dicho: principio y fin, fin y principio, todo es lo mismo, siguiendo al visionario Nietzsche. Y ahora, aquí, entre nosotros, el verbo se hizo carne, alimento musical para nuestras cabezas, nuestros corazones y nuestros pies: el grupo Koniec acaba de estrenar disco. Ningún lugar mejor que Xixón para simpatizar con ellos, por lejanos motivos cinematográficos: durante los años sesenta vimos escrita esta extraña palabra al final de docenas de cortometrajes checoslovacos en educativos festivales de cine infantil y en la década siguiente volvimos a verla con alivio cuando cerraba alguna de aquellas cejijuntas películas de la misma nacionalidad en ciclos de "arte y ensayo". Estaba claro: esa palabra tenía que traducirse por "Fin" (¿pero no acababa en K?).

Y ese sonoro término es el que han escogido Chus Naves y su banda para tocar la música que más les divierte: el funky, la gloriosa música negra de baile que, curiosamente, también tuvo su máxima expresión durante los años setenta, sobrevivió en los ochenta y volvió con fuerza renovada y algún que otro disfraz en los noventa para quedarse. Koniec son un combinado de músicos muy jóvenes y muy veteranos de muy diversa procedencia, tanto musical como geográfica, y eso se nota en su música, que incorpora lo más primitivo, como el djembé africano, y los más novedoso: los subterráneos electrónicos. Chus Naves (ex Salón Dadá), está en los teclados y las voces, el stukero Carlos Martagón a la guitarra, el nigeriano Samuel Ogumola con las percusiones y los coros, el omnipresente Manu Molina a la batería, Javier Vallina al bajo y la actriz Carolina Barrios en la voz y la percusión. Asturianos, andaluces, canarios, africanos: un buen "melting pot" que enriquece su lenguaje musical. Esa es la formación que pudimos ver en directo en la Colegiata de San Juan Bautista hace poco más de un año, un escenario de difícil sonorización y muy poco apropiado para sus piezas de baile gozoso, que en directo refuerzan el carácter más instrumental que vocal del grupo. Tienen razón cuando dicen que tocar funky es más difícil de lo que parece.

El disco está grabado en los estudios Vudú de Joaquín Lacalle (¿alguien se acuerda de Liamba?), publicado por el sello del mismo nombre, y producido por Chus Naves y DJ Higinio. Se abre con "Jungle fever", versión del grupo Chakachas, un corte suave funk afro potenciado por la flauta y la voz sinuosa de Carolina. "Don´t you kiss me", composición propia, continúa la misma línea, ahora con el wah-wah de la guitarra de Martagón: ¿por qué no me besas?, se preguntan sin respuesta. En "Sorry babe" disfrutamos de la voz de Waldir Cavalcanti, el cantante brasileño afincado en Asturies y más conocido como Vaudí, que acaba de publicar su disco en solitario, tras liderar los animosos Pez Globo. Chus Naves alcanza aquí sorprendentes tonos negroides en su voz. En "If I had your number" aparecen nuevos y eficacez invitados: Samsoon Alfredo como speaker y Juanjo Mintegui como guitarrista funkoide. Los coros refuerzan el carácter pegadizo del tema. "Gatur Bait", otra versión, se enreda entre las voces, el órgano y el wah-wah para abrirse en un bello solo de piano eléctrico, aquel instrumento tan denostado de principios de los setenta que vuelve a estar en auge. En los cortes siguientes, "Somebody get Soul" y "Ritual" el componente funk se complementan con los vientos de aire disco y la guitarra y las percusiones cercanas al latin rock. A estas alturas, pues, la temperatura del disco ha subido notablemente. "Party is a groovy thing" corea insistentemente el título pegadizo hasta decir basta. El teclista se decanta ahora por el sintetizador, otro maldito del pasado. En "Wonderwoman", versión de una serie televisiva, los teclados suenan en clave soul-jazz, como si de un Brian Auger se tratase, y la voz está tratada con curiosos efectos psicodélicos que añaden misterio a la pieza. Para "koniekear", es decir, para finalizar el disco, DJ Higinio hace una larga y profunda remezcla del "Gatur Bait": la electrónica al servicio de la pista de baile. En definitiva, cincuenta minutos de soul-funk, reforzado por percusiones afro, para disfrute de todos los amantes de la música negra sin prejuicios: esa es la propuesta de Koniec, una "rara avis" entre las bandas de pop y rock de Asturies, donde este tipo de música apenas tiene tradición. Les deseamos un verano lleno de actuaciones y éxitos, y una larga vida: que tarden mucho en poner el Koniec cinematográfico a su proyecto musical. Y otra cosa: no conviene confundirles con los Koniec catalanes, autores de "Silenci en blanc", porque no tienen nada que ve. Los asturianos prefieren el baile al silencio. Compruébalo cuanto antes"

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