Bebidas a bordo
Capitulo I
El Desayuno

 

Con este pequeño tratado, espero poder ayudar a los amantes del mar y los deportes náuticos, a alcanzar las más altas cotas del placer y el sibaritismo.

Las recomendaciones que daré a continuación son para aquellos que van al mar y a navegar, con un espíritu lúdico y gratificante, para los sentidos, del cuerpo y del alma. Los espartanos, deportistas de competición, regatistas a machamartillo y en general, sufridores del mar, deben de abstenerse de la lectura del tratado, que seguramente les parecerá, obsceno y pornográfico, para ellos están el Red-Bull, el Isostar y el agua del tanque con sabor a sentina.

Para un mejor orden, vamos a clasificar la ingesta de bebidas espirituosas a bordo, en "momentos" o fases horarias, coincidentes con los de una vida normal. Si has hecho guardia a la noche y te levantas al mediodía, tendrás el horario cambiado, por lo tanto, acomoda cada momento, a lo que te pida el cuerpo.

Este momento del día no es el mas adecuado para el alcohol, salvo que se esté navegando en condiciones climáticas adversas. Recomiendo un buen (por sistema comprar el mejor y mas fresco) café bien cargado (expres) con una nube de tormenta de leche (entera por supuesto). Añádase al gusto, un buen azúcar (terrones no, por favor). Sírvase en taza de porcelana, no necesariamente fina, recordando que "no hay taza sin plato". Los tazones y canecos de plástico son para limpiar las brochas y desoxidar tornillos. Por supuesto la cucharita, de tamaño exacto, huir de las grandes, aunque no sea de plata, tampoco debe ser baratucha de inox, y no ¡qué horror!, robada en algún avión.

El zumo de naranjas frescas (tres mínimo), es imprescindible. Exprímanse en un exprimidor de cristal, manualmente, huir siempre del plástico y la electricidad que son enemigos del "gourmet", aún y más si cabe, en el mar. En mares cálidos las naranjas deben de estar frías (4º - 6ºC), el hielo "aguacha" el zumo y afloja el vientre, nunca se debe administrar al timonel zumos con hielo en su turno, nos arriesgamos al trasluchón o al pestazo pertinente. Sírvase en vaso ancho, de cristal fino tipo "de sidra", estos vasos son delicados pero muy baratos y van estupendo para casi todo, cuando se rompen no estallan en mil pedazos que acaban clavándose en los pies de alguien.

Ni que decir tiene que los colacaos, descafeinados y demás productos instantáneos, herencia de una publicidad malsana, no deben de existir a bordo. En caso de haber alguno, expóngase al sol todo lo posible y obséquiese luego con él, al aduanero, policía de puerto, santo del mal o tocacojones de turno. Si el funcionario es especialmente coñón, se debe añadir al producto algún resto de antifouling o producto limpiabrochas. Asimismo si alguien sugiere la idea de adquirir zumo de naranja preparado/envasado/liofilizado/vitaminado aticesele vigorosamente, con la manilla del winche gordo, hasta que llore (la manilla).

Hemos citado anteriormente las navegaciones por sitios hostiles y fríos, o cuando las condiciones meteorológicas son adversas. En este caso, el café ira preparado en un termo de interior de cristal con tapa/taza irrompible de algún plástico que cuanto menos lo parezca, mejor. Se añadirá al café una generosa dosis de "pingarates" o bautismo del mejor cognac, nada de Veteranos ni Soberanos, como mínimo un Remy, por supuesto francés, el cognac siempre es francés. Si se prefiere no mezclar las nobles bebidas, el cognac se tomara inmediatamente después, nunca simultáneamente. Si tenemos en la tripulación, algún españolista militante, se puede substituir el cognac por algún buen orujo de Potes (Asturias), marc de txakoli, o aguardiente gallego. Lamentablemente los productos españoles no alcanzan al cognac francés en estos momentos. Para los verdaderamente epicúreos esta el Calvados, licor que bebían los normandos en los cráneos de sus enemigos muertos, los que no tengan enemigos usen un vasito tipo dedal. Una buena botella de Calvados es la mejor posesión del armador, solo debe de sacarse para obsequiar a verdaderos "watermans", descalzos o con náuticos Sperry recosidos a mano y sin color, nunca ofrecer Calvados a alguien con Adidas o similar, es como echar margaritas a los cerdos.

 

Bebidas a bordo
Capitulo II
El "amaiketako" o almuerzo

 

El amaiketako o almuerzo se viene llamando así desde la época de los antiguos vascones (inventores de la comida de placer). La denominación viene del termino "amaika" que es el 11 en el orden numeral y se refiere como todos habréis adivinado a la hora en que se almuerza o toma, ese pequeño refrigerio matinal, que ayuda al cuerpo a sobrevivir, hasta la hora de comer.

A esta hora, queridos tripulantes, navegantes todos, el rey es el vino tinto. Nada mejor para acompañar un buen trozo de chorizo de Salamanca, o unas anchoas de Lolin (serie Oro), una ventresca del Consorcio de Santoña, un excelente fuet o salchichón de Vich, morcilla de Arceniega, embutidos "pata negra" de Sanchez-Carvajal, etc. etc, no me extiendo mas por que esto es un tratado sobre la bebida y no sobre la manduca, ¡cielos!, ¿habrá que hacer otro?.

Dentro de los tintos por excelencia y sin menospreciar las denominaciones de origen, recomiendo los Riojas y Riberas del Duero. Aunque vuestro bolsillo se resienta, ni lo dudéis, si vale menos de 1.000 ptas. la botella, no es reserva, una buena crianza debe de estar por encima de las 500 ptas. de vellón. De esas cifras hacia abajo no es vino, es limpiabrochas, debéis de tener mas respeto por vuestro estómago que por las brochas, elegir bien el sitio de compra, hoy en día los Prycas y Continentes tienen formidables ofertas.

El vino y sus marcas y cosechas deben de ser uno de los grandes temas de a bordo. Todo buen armador debe llevar bien surtida su bodega/sentina, comprando por cajas, no sea que la "tripu", le tilde de "Capitán Tacañete".

Todo buen invitado, debe de sorprenderse con alarde, cuando una botella de aspecto repugnante y de etiqueta corroída, recién sacada de la sentina, resulte un exquisito caldo, con sus sabores y olores acrecentados por miles de "meneitos". Cualquier melón, que se jacte de entender de vinos, os dirá que el vino no debe menearse, menuda tontería, ¿cómo el gran invento del sabio Noé?, uno de los primeros grandes navegantes, ¿iba a llevarse mal con el mar?.

Para no caer en la publicidad, hablando de marcas y cosechas, os remito a las recomendaciones, de cualquier suplemento dominical, que suelen estar bastante acertados en lo fundamental. Además, elegir el vino es un asunto personalísimo.

El descorche, es una operación sagrada, que debe elevarse a la categoría de rito. El oficiante, sentado en medio de la bañera y rodeado por una ansiosa tripulación, procederá a cortar hábilmente la tapa de la cápsula, con un experto gesto de su navaja de maniobra. Luego, sujetará la botella entre sus rodillas e introducirá girando lentamente y con mano firme el sacacorchos en el corcho. En ese momento el silencio debe de ser sepulcral, cualquier distracción puede causar un grave percance al exquisito caldo. El sommelier de a bordo, con un seco y corto tirón, que deberá ir acompañado de un seco "plop", terminara la peligrosa faena. A continuación olerá el corcho expresando con sus cejas un primer juicio. Para terminar dará a probar una pequeña cantidad al miembro de la tripulación mas respetado. Si este mueve la cabeza en sentido negativo, la botella saldrá volando por sotavento y deberá reemprenderse el ritual desde el principio.

Por supuesto que a nadie se le ocurra comprar algún sacacorchos sofisticado, eso son pijotadas, cualquier camarero os dará uno de los que les regalan los proveedores y que cuando esté muy roñoso reemplazareis por otro. Lo mas elitista es el rabito de cerdo con un mango de madera cruzado. Como se le ocurra a alguien, aparecer con uno de esos de "pump-action".....

Si el estado de la mar lo permite, volvéis a sacar los vasos de sidra, que para un buen tintorro, son de lo mejorcito y tampoco se trata de llevar a bordo mas cristalería que en el palacio de Versalles. A partir de fuerza cuatro, el vino tinto, lógicamente, se debe de beber en bota, una buena bota, curada con miles de litros trasegados y curtida con cien soles y grasas de anchoas, chorizos y demás pringues de a bordo, el tamaño de esta debe ser proporcional al tamaño del buque y a la sed de su tripulación. Si el barco es serio, el nombre del mismo y las iniciales de su club, deberán ir rotuladas en letras de molde, a mano, con minio, en uno de sus lados (solo en uno) y ocupándolo en su totalidad.

Si algún ignorante, aparece con una bota que ponga "Recuerdo de San Fermín" o que tenga su cordón de plástico, ya sabéis el método: manilla de Winche, hasta que llore.

¡Ah! se me olvidaba un truki de anciano navegante, coged el Black&Decker y agrandar el agujero del pitorro, hasta los 3.5 mm. de sección, el resultado será una bota mas viril y vuestras camisetas, denotaran que no sois una tripulación gay.

En dias muy calurosos y de calma chicha, totalmente boyados en la "horse latitude" o "pot a noir", se podrá optar (previo debate y por unanimidad) a substituir el tinto por cerveza.

La cerveza se sirve mas fría (4ºC) que los refrescos (6ºC) y se suministrara a la tripulación, en raciones individuales tipo "botellín". El armador, insistirá hasta la saciedad, en repetir ronda. Para esas horas lo mejor son las "lager" y las "pilsen", dejar para la merienda las "marzenbier" "tostadas" y "negras". Comprad los botellines pequeños, con generosidad, en calidad y cantidad. Son recomendables los que tienen el tapón de rosca, así cada uno a lo suyo. Por supuesto, manillazo al que tire el botellín al agua. Da muy buen tono, el balde homologado contra incendios, lleno de hielo y birras hasta arriba, en medio de la bañera o colgando de la botavara.

Si algun miembro de la "tripu", tiene una "pick up" o vehículo industrial, debe de pasar por algún hipermercado y llenar la cartola a rebosar de birras y hielo antes del inicio de la travesía.

Por supuesto lo hará sin avisar, con un poco de suerte, algún otro tripulante o el armador habrá hecho lo mismo y la bodega lucirá como nunca. Si no hay damas presentes, los eructos deben de ser lanzados sin previo aviso y con fuerza tal, que tremole el grimpolón del armador (este sonreirá agradecido), e interfieran en la electrónica de viento.

 

Bebidas a bordo
Capitulo III
El Aperitivo

 

El fin del aperitivo a bordo, no es otro, que el de entretener al estómago, mientras el cocinero y sus secuaces dan los últimos toques a la comida. La comida, es en la alimentación diaria, la primer clasificada, en solemnidad y calidad.

En el aperitivo no se sacará gran cosa de comer, pues estropearía el apetito de los futuros comensales, para callar a los mas tragaldabas, se sacarán sin ninguna ceremonia algún repugnante fruto seco, cacahué o similar, en su propio envase. La finalidad de tratar con poco respeto a los susodichos productos, es que nadie los pruebe, pues estropean el estomago y dejan la dentadura llena de repugnantes restos.

Pero, amigos míos, el aperitivo es una de los grandes momentos, para los navegantes discípulos del gran Bevinson, almirante inglés conocidísimo por su amor a la botella. En el aperitivo vale todo, cervecitas, vinos blancos y tintos (el clarete, ni entrar a bordo, eso no es vino), combinados (por primera vez en este tratado aparecen los inigualables gin-tonics), el vermouth por supuesto rojo, los tomates preparados, los Camparis..., no, bitter no, (aunque sea "con") etc. etc. Pero, veamos, que me estoy liando, vayamos por partes, analizando todos estos productos nuevos, que aparecen en la carta.

De la cerveza y el tinto ya hemos hablado, del clarete he decidido yo que ni se habla, por lo tanto vamos a hablar del vino blanco.

El vino blanco es una de las bebidas mas elegantes que existen actualmente, su delicioso tono dorado, su "sequedad", ese ligero regusto afrutado, mmm delicioso. Como el momento es fugaz sáquese descorchado y bien frío, las copas con pie y altas, escánciese con generosidad.

Recomendados: Blancos de Rioja, de Rueda, Valladolid, Blancs de Blancs, y por supuesto nunca me cansaré de recomendar los finos y manzanillas ¡recientes!. Nunca dejar abiertas las botellas de blanco, deben de ser acabadas sin miramientos. Si hay algún vasquito a bordo que se empeña en traer algún buen txacoli, no le hagáis ascos, pero que pague él, que la relación calidad/precio es desfavorable.

 

Los combinados

 

El martini, el martini es el combinado por excelencia para los viejos y elegantes "watermans", les veréis tomándolos a bordo, con sus elegantes chaquetas azules cruzadas y sus impecables gorras blancas de visera acharolada. En esos momentos mágicos y místicos a la vez, el verdadero "waterman", aunque le alcance un torpedo en la línea de flotación, ni siquiera pestañeará hasta que acabe su martini. Personalmente considero que se deben de servir "estilo Hemingway", se coge una copa de pie helada, tipo embudo, se echa un chorrito de vermouth rojo y se hace girar la copa, procurando que el vermouth la moje en su totalidad, finalmente tiramos el vermouth y llenamos hasta el borde con la ginebra más seca de a bordo, si hay algún gay, entre la tripulación, añadir en el de él, una aceituna ¡con hueso y sin anchoa!.

El gin-tonic: otro de los combinados geniales, va bien a todas horas y es excelente aperitivo, diurético, da buen humor, su aspecto es elegante etc., etc. Para esta hora no debe de estar muy cargado, viene bien un poco "ligth". La ginebra cuanto más seca mejor y la tónica por supuesto Schwepss de botellín de cristal, las otras no son tónicas. Recordar que nunca, nunca se debe de servir la tónica entera, es de mala educación (costumbre importada del Imperio Británico donde siempre se dejaban restos para los criados nativos). El hielo debe de ser macizo y a ser posible estar por debajo de los -25ºC. El limón, recién comprado, por supuesto de color verde oscuro, lo de "amarillo limón" es un cuento de ignorantes. Jamás echar naranja a un gin-tonic, es una horterada. El limón se debe de cortar en rodajas de 6 mm. de espesor y dividir por la mitad en caso de exceder estas de 2" de diámetro. Se pondrán en vaso ancho (los de sidra, "ad hoc") tres cubos de hielo y una rodaja de limón, añádase la ginebra al gusto y escánciese media tónica con elegante giro de muñeca, con una cucharita de mango largo, daremos un par de lentas vueltas a la mezcla ¡sin revolver!. Córtese una fina capa de corteza del resto del limón (como si lo estuviéramos pelando) y con su cara interna frótese el borde del vaso, dóblese otro trozo de lo mismo y presiónese hasta conseguir que por la parte exterior de la corteza salgan microgotas que vaporicen suavemente la superficie del gin-tonic. Por fin, entréguese al ansioso y babeante consumidor, con la mano izquierda, en la derecha le ofreceremos el botellín con el resto de tónica para que "cargue" el gin-tonic a su gusto particular.

El vodka-tonic. Exactamente igual que el gin-tonic pero es si cabe, todavía mas, bebida de gente selecta y elegante, en algunos ambientes se considera una bebida elitista. Procédase de la misma manera, pero preguntando sobre el limón, pues algunas damas, prefieren que su copa, aparente ser un inocente Vichy.

El Campari. Esta estupenda bebida, ha sido injustamente desplazada por los bitter. Si sois amantes de las bebidas amargas, el Campari es "number one", con unos hielos y un limón (aquí podemos arriesgarnos a usar el amarillo, sobre todo si esta a bordo el Rey), tendrá un aspecto espléndido con su rojo Ferrari. Sírvase generosamente, en vaso ancho, de culo grueso afacetado. Al entregárselo a su consumidor debemos de agarrar el vaso por arriba con los cinco dedos de la mano derecha en forma de copa invertida, sacudiéndolo alegremente para que los hielos produzcan un suave tintineo.

 

Bebidas a bordo
Capitulo IV
El champagne

 

El champagne debe de ser francés, Dom Perignon, Veuve de Cliqcot o similar. Si algún osado se cree eso de que algunos cavas catalanes de pequeñas bodegas bla bla bla... allá él. El champagne se debe de servir bien frío, sumergido en sus 3/4 partes en una mezcla de agua y hielo, en balde homologado (para el fuego no para el champagne) con rabiza de 10 m, en uno de sus lados (del balde no del champagne) pondrá en letras de palo el letrero de "Fuego". El sommelier de a bordo con mano firme y precisa cogerá la botella por la parte mas ancha (nunca por el gollete, ¡que horror!) quitando el alambrito y su porción de estaño con un experto gesto. El taponazo debe de ser seco y el corcho no escapara de la mano, que deberá quedar a 22 cm. del cuello de su botella. En pie y con la otra mano a la espalda, escanciará primero a las damas, empezando por la propiedad del armador y eligiendo el orden subsiguiente, con astucia y a sabiendas de que no acertara nunca a juicio de ellas, luego proseguirá con los caballeros en el mismo orden. Con la tendencia actual de divorcios/ parejasdehecho/ separados/ recasados etc. etc..., es prácticamente imposible recomendar nada seguro, dejaros guiar por vuestra intuición, anteponiendo a las personas con mala leche, aún a riesgo de ofender a las mas educadas.

El champagne, debe de servirse en copas específicas, las altas y estrechas me encantan, nunca llenar, dejar que la espuma vaya desapareciendo y luego rellenar hasta los 2/3 de la copa. Cuando se acabe la botella, ¡nunca del todo!, se devolverá a su cubo en posición invertida, en señal de duelo. Si se devuelve al cubo sin vaciar, en espera de otra ronda, se abrigará su cuello con una servilleta de impoluto algodón blanco, si se puede encontrar tejido tipo "panamá" es perfecto para estos y otros menesteres del bar de a bordo, finalmente se colocara un tapón, de los mas discretos, cromado y por favor, ¡limpio!. El champagne no es muy adecuado para los barcos pequeños pues debe tomarse en pie, en actitud elegante, asimismo no es recomendable en navegación, dado que el "meneito" y las burbujas, tienden a pelearse entre si, con resultados poco correctos socialmente.

Si alguna vez, dichosos vosotros, descendientes de Noé, tenéis la fortuna de poder bautizar un barco, "vuestro barco", no caigáis en la vulgaridad de romper la botella contra el casco, además de estropear el reluciente gel-coat, llenaríais el puerto de cristales, desperdiciando un exquisito vino espumoso. El procedimiento elegante y fino es el siguiente: el sommelier entregará la botella (grand bouteille, off course) al armador, éste, con una sonrisa placentera y agradeciendo al destino, consciente de la envidia corrosiva con la que le miran los invitados, derramará un generoso chorro sobre cubierta, pronunciando las solemnes palabras: ¡Yo, te bautizo (nombre del barco)!, después verterá igual porción sobre el mar con alguna frase del estilo de ¡Bebed, oh Dioses del Océano!. Todo esto puede quedar muy bien, pero por favor sed prudentes y parcos (de palabras, no de champagne). A continuación escanciará a la madrina y a sí mismo, brindando y fundiéndose con ella en un eterno abrazo, el último, antes de partir en solitario acompañado solo por las aves, a recorrer los Mares del Sur.


El vermouth

 

El vermouth es un producto excelente para después del baño. Cuando salgáis del agua chorreando, en una cala maravillosa, en la que por supuesto, vuestro barco será el único fondeado. Vuestra maravillosa dama, os esperará en precioso bañador de cuerpo entero y con un sutil pareo a la cintura. Cuando ya en bañera, con la compostura recuperada, la toalla de baño enrollada en la cintura, las gafas de sol puestas y el pelo peinado con los dedos hacia atrás, vuestra dama, os entregará el recién preparado vermouth y un cigarrillo Chesterfield sin filtro, previamente encendido, con restos de carmín y un ligero sabor a sus labios. Vosotros, con la tranquilidad de saber que os lo merecéis y en la certeza de que un armador en su barco es como un lord inglés en su castillo, agradeceréis la molestia con una sonrisa alegre y una sonora palmada en la popa de la dama (personalmente prefiero las popas de codaste que las de estampa, pero allá cada uno con sus gustos). Luego, pasando protectoramente el brazo por su talle, le acompañareis hacia su toalla/solarium donde apartando la miríada de cremas, pinzas del pelo, gafitas opacas y revistas del corazón, le haréis unas carantoñas, mientras consumís el vermouth y el cigarrillo. En ese preciso momento, en esa conjunción espaciotemporal, sabréis como se sentían los dioses griegos cuando bajaban al Egeo desde el Olimpo.

Para el vermouth elegir siempre el de mejor calidad, por supuesto siempre rojo, hielo abundante, corteza de naranja, un chorrito de vuestra mejor ginebra seca y vaso ancho de culo afacetado. Entregar tintineando como el Campari.

Tened mucha prudencia, cuando las damas tomen más de dos vermouhts al sol, el calor y los efectos afrodisíacos de la bebida les convierten en libidinosas mantis. Si no conseguís impedirles la ingesta, manteneros alejados, un tiempo prudencial, en breve caerán en su toalla, vencidas por la modorra y el alcohol donde soñarán plácidamente con algún efebo o negro mandinga.

Vamos a finalizar el capitulo dedicado al aperitivo, a sabiendas de dejarnos en el tintero, gran cantidad de bebidas deliciosas. En aras a la practicidad y brevedad de este tratado las obviaremos creyendo haber citado las mas apetecibles y excitado vuestros sentidos, que seguro os conduciran por nuevos y variados caminos.

 

Bebidas a bordo
Capitulo V
La Comida

 

La comida además de ser el principal acto del día en lo que a nutrición se refiere, es el principal momento social de a bordo. Siempre que sea posible, este momento, debe de ser revestido de la mayor solemnidad. La uniformidad de la mesa y la tripulación, debe de ser de lo más cuidada, procurando mantener el ambiente lo mas selecto, eligiendo bien todos los detalles.

Antes, en capítulos anteriores hemos citado brevemente algunos tipos de cristalería y accesorios que hacen las delicias del "waterman/gourmet". Cuidar en todo lo posible la vajilla, cubertería y cristalería de a bordo, es la base de una buena mesa y un buen bar. Ya sé que en un barco es muy difícil de encontrar espacio, pero también es cierto que solo pasamos navegando el 10% del tiempo que estamos a bordo y a lo que nos dedicamos nosotros, es a la navegación de placer, para sufrir ya están los regatistas y sufronavegantes empeñados en dar continuamente la vuelta al polo sur por el paralelo 60º. Lo nuestro es otro estilo, venimos al mar a gozar de los sentidos y a encontrar la paz del alma.

No se debe uno sentar a la mesa con el vaso del aperitivo sin terminar en la mano, ni hacerlo inmediatamente, siempre debe de haber un "impasse" en el que se hablara del tiempo (en general y distendido, se prohibe mencionar el "parte").

Para empezar generalmente se suele comer un buen plato de ensalada, plato preferido por las damas, para acompañarla nada mejor que un buen vino blanco o una cerveza ligera, recomiendo mejor el vino dado que la cerveza sentado tiende a dar sensación de estomago lleno y eso si que no a la hora de comer. Dá bastante buen tono el vino blanco en el cubo homologado, lo que pasa es que las mesas de bañera se han hecho pensando en comida china, podéis colgar el cubo de la botavara con su rabiza, así estará a mano y dará menos el cante. El vino blanco empalmará perfectamente con el pescado o marisco. Luego con la carne sugiero un tinto de cuerpo, un Ribera del Duero estaría perfecto, algunos tintos de Burdeos y California se pueden beber pero resultan prohibitivos por su precio. Las copas similares, siendo de mayor tamaño la del tinto. Sírvase siguiendo el orden social, nunca primero a uno mismo aunque los demás vasos estén llenos. No llenar los vasos en demasía, eso es de tabernas, el nivel máximo de las copas es aproximadamente su mitad.

Después de la comida, a los postres (los elegantes pasarán directamente al café). Se sacara el café y los licores a la vez, del café hemos hablado en el capitulo del desayuno y la única diferencia radica en el tamaño de las tazas, estas deben de ser más pequeñas y por supuesto con plato y cucharita. Para los licores necesitaremos una buena cubitera isotérmica y algunos vasos bajos. Las botellas deben de estar al alcance de la "tripu", haciendo el armador la vista gorda si alguno de sus miembros aprecia en exceso, algún rico caldo. Aquí, en la tertulia subsiguiente a la comida, mientras las damas ejercen las labores propias de su sexo, se relajará el protocolo, permitiéndose a cada uno servirse a su gusto, incluso cogiendo el hielo de la cubitera con la mano.

Para el armador, aunque no le guste, recomiendo el Napoleón o el Cardhu, en copa tipo "balón", esta copa es personal y nadie más debe de usarla en ningún caso. Mientras deja caer la ceniza del puro sobre su prominente barriga, oscilará el contenido de la copa en movimientos circulares, dando la impresión de estar atentísimo a la conversación y procurando no traslucir que se está quedando "groggy".

El navegante, maldiciendo interiormente su amor por la Fanta y haciéndose el hombre, pedirá algo sofisticado y que por supuesto no haya a bordo, como un Amaretto, un Chartreuse, o algún licor de alcachofa. Con cara de apenado por no disponer de unas bebidas que ni siquiera ha visto en su vida, tomara un Anís del Mono a pequeños sorbitos. En la mitad de la copa, le añadirá hielo, suscitando las miradas asesinas del resto de la tripulación.

El caña o timonel, cuyo paladar está estropeado y adormecido por el agua salada y las tormentas, no soltará el vaso en toda la tertulia, manteniendo cerca, la botella de Jack Daniel´s, excelente whiskey de Tennessee, de la que se servirá pequeñas dosis constantemente. Por supuesto, no añade hielo y su copa permanece inmóvil, aunque nos aborde un mercante con bandera panameña.

El velero o "trimmer", pasara un buen rato seleccionando el vaso y los hielos hasta encontrar los de tamaño exacto. Por supuesto, todos los existentes a bordo y en la mesa, tienen el mismo tamaño, pero sus compañeros condescienden con sus "pequeñas" rarezas. Al final y después de mucho meditar rascándose los cuatro pelillos de su incipiente y escasa barba, pedirá J&B si hay Ballantines y viceversa. Luego, insistirá varias veces en que esto no le importa, aunque no le pregunte nadie. Lo tomará con mucho hielo que removerá constante e inconscientemente, con el índice derecho, hasta que compruebe con cara de sorpresa que el dedo, se le ha quedado helado e insensible.

En este momento ya deberían de ir apareciendo las damas por cubierta, aparecerán con las manos humedas, haciendo alardes de la gran tarea efectuada y saludándonos con frases del estilo de: "una toda la vida hecha una esclava", "para esto me podía haber quedado en casa" o "me paso el día fregando". El personal masculino, con la experiencia desarrollada en cientos de singladuras, hará como si oyese llover, Mencionar quién ha hecho la comida, pescado la misma, o traído el barco al hombro desde el astillero, no servirá mas que para encrespar los ánimos y estropear el ambiente, mejor absteneros fijando la vista pacientemente en el horizonte, buscando las luces de un vapor.

A nuestros solícitos ofrecimientos de copas o cafés responderán con un "no sé", "espera un poco que lo piense", o "no sé qué me apetece ahora", para acabar tomándose el café que quedaba ya frío en la cafetera. Por supuesto con mucha leche (también fría) y diciendo por enésima vez que hay que acordarse de comprar sacarina. Acto seguido encenderá cada una su cigarrillo de diferente marca (por supuesto ligth y bajo en todo), cogiendo aire, para hablar con todas a la vez durante las siguientes tres horas.

La calaña de proa, o mano de obra sin especializar, lastre móvil al fin y al cabo, insistirá en mezclar el mejor Rioja o Ribera con CocaCola. Por supuesto, la escopeta Mossberg inoxidable, que guardamos para la navegación por las costas marroquíes, nos servirá de excelente "razonamiento" para poner las cosas en su sitio. Después, se beberán el Patxarán, luego el Anís del Mono, el Cousenier de las damas, el Chartreuse del cocinero y la patente de la sentina. Al final serán expulsados con violencia de la bañera y volverán beodos, donde nunca deberían haber salido, ¡a la proa!.

Toda buena comida a bordo, debe de ser rematada con la tradicional costumbre española de echar la siesta. Los "proas", hace rato que roncan y emiten toda una serie de ruidos desagradables en sus lares. Las damas se han apropiado de los mejores sitios en la bañera y con su parloteo no dejan intervenir en la conversación y esta ha ido languideciendo con el caer de la tarde. El armador, verá que es el mejor momento de disculparse y con cualquier excusa estúpida, se retirara al interior de la cabina, donde tapando su adorable barriguita, con un cojín, se dejara caer en el sofá, con la satisfacción del deber cumplido y la tripulación bien comida y bebida, caerá en los brazos de Morfeo, sonriendo beatíficamente, soñando con mares tropicales y dulces brisas.

El resto de la dotación, excepto las damas, que proveerán del debido runrún de fondo irá cayendo en los sitios y posturas más inverosímiles quedándose inmediatamente fritos. Dá gusto ver las tranquilas y serenas caras de la tripulación viendo reflejarse en su semblante las imágenes de míticos delfines y marlines, las cantarinas sirenas de Ulises o los soleados atolones del Pacífico.

Este momento será mágico y sagrado, durará como siempre, el breve espacio de tiempo, hasta que algún respetable "profesional de mar" decida pasar rascándonos la amura, con su apestoso, ruidoso y horrible barco. Como es de rigor en estos zulúes, su barco infernal, arrastrará tanta agua, que derribará vasos tazas, copas y dormidos navegantes. Nosotros, que además de ser "watermans" somos bastante gilipollas y nos acordaremos del precio con que compra el gasóleo y que su barco se lo ha comprado el gobierno para ayudarle a terminar con todas las especies de fauna y flora. Pensaremos que no se ha dado cuenta y reemprenderemos nuestras tareas habituales, con el ceño fruncido y el cargo de conciencia que dá pensar, que uno es un clasista y elitista fanfarrón.

Tras esto, el "profesional" se alejara con una malsana sonrisa en la boca, dejando tras de sí una estela de aceite que ha achicado de la sentina, los plásticos con que su mujer le había envuelto el almuerzo y una docena de peces muertos sacados de su red. El otrora límpido mar donde estábamos bañándonos, además de quedar hecho una mierda, se convierte en festín de pájaros carroñeros, que irán dejando caer sobre nuestras camisetas- recuerdo de la ultima Fasnet, misiles repugnantes.

Como veréis, la sabiduría popular y la voluntad del pueblo, os han hecho descender de la nube a la que estábais subidos. El mundo está aquí y no es tan bello. Despertad y recordad que ésto es un valle de lágrimas y cumplid con vuestra condena, pecadores.

 

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