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| Barry Adamson es uno de esos genios desconocidos que de no ser por verdaderos golpes de suerte uno no llegaría a conocer nunca. Su música es difícil de definir, es una especie de Jazz ligero poco ortodoxo llevado a los 90, la era del sampleado y la percusión, con mucha orquestación y con el órgano Hammond como instrumento estrella. Él mismo la define como canciones para bandas sonoras de películas que nunca han existido, algo que al oír el disco queda bastante claro, junta el sabor Chicago años veinte, le añade un toque Bond y le pasa un barniz tecnológico muy discreto para conseguir una obra sugerente, rica en matices cinematográficos y de alta calidad. Canciones que parecen relatos sobre la vida de gánsteres desconocidos ( Jazz Devil ), o que nos transportan a los clubs más exclusivos ( The Vibes ain´t nothing but the Vibes ) rodeados de la mafia, momentos casi surrealistas como 007, a fantasy Bond theme, y, como sorpresa el sampleado de Massive Attack en Something wicked this way comes. El disco consigue hacer algo al alcance de muy pocos: hace que lo clásico parezca más que actual, moderno. | |
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