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| Es el momento de comentar la versión orquestal de una de las obras más importantes de este siglo: Tubular Bells, en el momento de su publicación fue tal su éxito que Richard Branson, por entonces dueño de una tienda de discos que publicó la obra de un joven guitarrista rechazado por otras discográficas, se convirtió en director de una de las mayores compañias y acabaria fundando el imperio Virgin. La cosa no es para menos ya que el disco permaneció la friolera de 264 semanas en las listas de ventas y formó parte de una de las películas míticas de la época: El Exorcista. Esta versión para orquesta reasalta la labor como compositor de Oldfield y le da un cirto barniz de solemnidad que la equipara con los grandes maestros clásicos. Con respecto a la versión estándart poco se puede decir, aparece la innovadora concepción del artista total ya que Oldfield toca todos los instrumentos, lo que fue posible gracias a la tecnología puesta a punto entonces, además la originalidad y la creatividad de su trabajo añadidas a su talento natural para tocar la guitarra de manera increíble dieron como resultado una obra maestra, es un tópico, pero nunca fue más cierto: a nadie que le guste la música puede perdonársele el no haberla oído alguna vez. | |
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| Antes de hablar del disco conviene sentar los precedentes de su publicación, tras el grandísimo éxito de Tubular Bels, Mike Oldfield dirigió su carrera hacia el rock más clásico y abandonó su faceta sinfónica, obtuvo muchos éxitos, Moonlight Shadow es un buen ejemplo, hasta que a finales de los ochenta su fama disminuyó y sus discos pasaban con más pena que gloria por listas de ventas, ambos sucesos relacionados con la crisis creativa que pareció sufrir el artista. Tubular Bells II surgió como intento de reflotar su carrera, y, a diferencia de lo que habría hecho cualquier artista de segunda fila, Mike Oldfield no se plagió a sí mismo sino que aprovecho el título y la idea primigenia y realizó un fantástico ejercicio de composición que dio como resultado este disco, en esa línea destacan Sentinel, The Bell y Tattoo como muestra del talento compositor de Oldfield, quien no olvida su faceta de guitarrista puntero y nos deleita siempre que puede con solos que brillan a gran altura. Es un disco que reúne con gran maestría orquesta, coros, guitarras (españolas y eléctricas), gaitas y campanas tubulares, todos ellos muy bien acoplados interpretando melodías maravillosas dando como resultado otra obra maestra de la composición, que si bien no alcanza las cotas de la primera parte, si es una continuación muy digna. | |
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| Una vez su carrera estuvo relanzada, Mike Oldfield prosiguió con la fórmula del éxito: obras casi sinfónicas en las que un patron melódico aparece a lo largo del disco. En The Songs of Distant Earth se apoya además en unos ambientes verdaderamente de otra Tierra, creando momentos de mucha brillantez como por ejemplo el corte Oceania. Si a esto le añadimos la sana afición de Oldfield a los coros, que en este álbum tienen mayoritariamente un estilo gregoriano, aunque hay también momentos para los nativos americanos y, lo nunca visto, coros polinesios. La voz de la vocalista principal y su legendaria maestría manejando las guitarras da como resultado un gran disco. Con canciones como Only time will tell, Hibernaculum o Crystal clear el éxito estaba asegurado. El disco es más de lo mismo en la carrera de Oldfield, pero no nos equivoquemos, ese "lo mismo" es música de altos vuelos. | |
| MiSelección sobre Mike Oldfield |
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