11-M DEL 2004

 

He pasado la noche buscándome en tus manos
Lentamente a tu lado, caricia tras caricia
Mientras las manos mías vuelven de lo lejano
A recorrer tu cuerpo en tiempos de injusticia.

He pasado la noche mirándome en tus ojos
Besándote la piel con esta boca ardiente
Pero afuera la noche arrastra mil despojos
Y un reguero de sangre va llegando a la fuente.

Al llegar la mañana te escribo algún poema
Llenarse de poesía aleja el maleficio
Mientras pienso que solo se combate al sistema
Regalando amor sin buscar beneficio.

Vuelvo de nuevo a ti, me alejo del conflicto
O quizás vuelvo a el, casi sin darme cuenta
Que de la guerra, amor, nunca se vuelve invicto
Unos vienen sin alma, otros la han puesto en venta.

Mas hoy ha vuelto el odio que surge del abismo
De quien lo tiene todo y quien no tiene nada
Es la bestia feroz que hace del egoísmo
Aliado siempre fiel de esta dura coartada.

Así los inocentes, pagan por las codicias
De quien dice que busca la paz con tanta guerra
Y en el libre mercado ya no quedan caricias
Mientras que lentamente va muriendo la tierra

Volverán los enviados de la "verdad suprema"
A llenar las paredes de sangre limpia y pura
Mientras pienso que solo, hoy combate al sistema
Quien deja que sus sueños te llenen de ternura.

ORLANDO

 

EL NIÑO QUE YO ERA

 

El niño que yo era se ha quedado en el vientre de la niebla
Se esconde allá en el cielo envuelto entre constelaciones
Se ha vuelto un niño errante y silencioso.

El niño que yo era anda buscando caricias que se quedan
Sueños que se levantan, caminos que te llevan
Horizontes lejanos donde quedar dormido.

El niño que yo era anda buscando sonrisas y respuestas
Animales extraños, cometas imposibles, cuentos locos
Pero ahora no vuelve a quedarse a mi lado

Va buscando ternura

Creo que esta de nuevo con la abuela, durmiendo en su regazo.

 

ORLANDO

 

LOCURA

 

Dar con el corazón, una sonrisa
Aullar como un lobo a cada luna
Recorrerte la piel sin tener prisa
Buscar la soledad más oportuna.

Ahuyentar el dolor de cada día
Volver a ver la vida como un niño
Reírte de quien hace profecía
Comprando el amor con el cariño

 

 

Quemar las naves sin que exista olvido
Acusar con mil flores en las manos
Soñar de nuevo con todo lo prohibido
Cerrar las puertas a todos los tiranos

Ser el chivo expiatorio de las musas
Hacer de nuevo aquella travesura
De abrir de nuevo todas las esclusas
Para que salga a raudales la locura


ORLANDO

 

LAS ALFORJAS DEL MIEDO

 

Cuento mis pasos cansados,
ralentizados en el silencio de la noche,
acompasados con los pocos ruidos,
que en medio de la nada apenas se oyen.

Mis brazos,
pesan a ambos lados del cuerpo,
como dos alforjas
cargadas con atormentados recuerdos.

Y aquí,
en medio del silencio,
en mitad de un vacío angustioso,
me encuentro sola…

Y tengo miedo,
miedo de que esta soledad que me atormenta,
esta soledad que me persigue tras tu ausencia,
me vuelva loca,
o peor,
me vuelva completamente loca…

Tengo miedo,
de que el fantasma de tu sombra,
se aparezca en mitad de la noche,
de que llene el vacío,
de que rompa el silencio,
y allí,
en mitad de esa alucinación,
mi atormentada mente,
se niegue al raciocinio,
y se rompa el umbral de la locura,
quedando perdida a tu merced…

 

SUSANA RUÍZ ZATÓN

DULCE LOCURA

 

Una especie de alarido surgió de mi boca, una aguda mezcla de llanto y grito, similar al de un animal en el matadero, cuando nota que se le va la vida en un hilo de sangre; así me sentía yo, quemándome en cada toma de aire entrecortada.

Miré la carta con odio, como si fuera el único culpable de todo; la arrojé lejos y me abracé a mí misma, clavándome las uñas en los brazos, hombros, e incluso el rostro. Intentaba hacerme daño, para mitigar la sensación de nausea que tenía por dentro. Era víctima de una inhumana soledad que me atormentaba.

Me vi reflejada en un espejo. Mis ojos estaban tremendamente abiertos, como queriendo escapar de un rostro con una especie de mueca de dolor, en la que descubrí lo fácil que puede llegar a ser romper el fino hilo que une una dolorosa cordura de una dulce locura...


SUSANA RUÍZ ZATÓN

 

 
ENCRUCIJADA

un dardo de locura resquebraja el espejo

dónde vas viajero y habitante
trepando por la luz de un faro entre la niebla
fundiendo en un crisol la eternidad

soplos de otras tormentas
navegan por las venas al oír el silencio

dónde vas Penélope impaciente
tejiendo escalofríos con agujas de estiércol
hilvanando conjuros y pócimas de amor

latidos trepidantes
mueren arrinconados en terreno baldío

dónde vas torbellino de sueños encubiertos
susurrando a la noche desconsuelos
mientras la vida gotea en un papel

YOSE

 

ALEGORÍA  

en la cara escondida de la luna
hay un ojo borracho
más cerrado que abierto casi siempre
y casi siempre también acribillado

arrodillado en la acequia de los cielos
vomita sus maltrechas realidades
entre el silencio atroz del mudo espejo
y el clamor de unos gritos sepultados

en su loco zigzag de pies de trapo
va dejando un reguero de amargura
lágrimas que se ocultan de su llanto
en la cara escondida de la luna

YOSE

 

ÚLTIMA VOLUNTAD

soñadores
os regalo estas paredes muertas
para que podáis plasmar en ellas otra realidad

 

os regalo mis sueños de más
que esperan
suspendidos del aire como gotas vacías

 

os regalo la brisa que ralentiza el tiempo
y se clava en la carne
y desgarra la vida

os regalo un desierto plagado de penumbras
y un talismán que cae desmoronado
por el viaducto
de los suicidas

YOSE

ESQUIZOFRENIA

 

Voces llenas de angustia
encerradas en el silencio más cruel
sentadas en el borde de la cama
desecha de sueños alucinados.
Como un niño sonrosado de alas desnudas
anunciarás a cornetín el final..........
La noche colgando de la arboleda desangelada
en los rincones más frios del alma......
Tiembla entre ramas
el campanario florecido con que alumbras
las sombras estancadas que desangran tus estrellas
duermen sordas.......
como pájaros heridos aterrizando
en la inmensidad y el fragor de tu campo de batalla.
Abres los ojos desterrados...
que como navíos se van llenos de mariposas
mendigos de risas grotescas
con que aderezas el sarcasmo más mordaz.
Las tinieblas sin límites de tu insomnio
llorando feretros de lagrimas
emboscadas en esa noche tormentosa
cuando aullan los lobos...
y tus cementerios se pueblan de voces afiladas,
el ocaso empieza a dormir afiebrado
el opaco eco de luz sangra.....
.....polvos de luna,.....sin alas.
Mientras suena una enferma risa.......dentro,
muy dentro......
de ese largo tunel suicidado de locura.

MANUEL GONZALEZ VALÉS

 

VOCES

El asombro de estar vivo......
el mirar vicioso en las avenidas
en la absurda espera de una motivación.
Encerrado en mi corazón sin labios,
mis nervios despeinados
en el sótano de mi ser
poblado de voces,.....estridentes.

Quisiera ser yo y timídamente abro la ventana
cesa el rumor,.....se callan
escucho diluirse el silabeo
titubeando en la desierta noche
hacen gala del silencio más enfermizo
y mi garganta herida de palabras,
ausente........
besa el vuelo de los pajaros
que se ciñe a mi alma ciega
voces.......
sucumbiré cuando entréis a verme
en el zulo de mi llanto
en mi boca degollada de estrellas
donde caigo herido......
en mi tenebroso pantanal lleno de escombros.

Las trompetas de mis sueños
asolándome las madrugadas
llenando mis calles de ángeles mal vestidos
de los gritos ahorcados de muchedumbres.

No sabes,...que mi corazón imberbe
siente sus siluetas recortadas
turbando el lecho infinito del ser
Voces..........
vestidas de transeuntes,
en el silencio se oyen vuestros lentos pasos
durmiendo sin pijama..........
conocen la noche hambrienta,
el porvenir de las piadosas promesas
y gritan sangre,....de sufrir a solas
en mi interior......

MANUEL GONZÁLEZ VALÉS

 

LA LOCURA

 

La locura se viste de pijama y zapatillas
de tristes alas de mariposa
duerme consigo misma,
sentada sobre su tiempo abuhardillado,
se hace una cama de estrellas
de suspiros ahogados en su música estridente
y sueña con molinos de rosas...
llenos de vientos alados de fantasías,
con gigantes repartiendo chocolatinas
entre las sonrisas de sus niños dormidos.

Despierta con esa ingenuidad contenida
de pelos eléctricos llenos de ternura.
Sus ojos alumbrados de pajaros
lloran nidos de esperanza........

Aullas de infinito buscando la tierra perdida,
alucinada........
y en tu cabeza sólo hay cometas......
galopes de universos........
que trotan sobre olas delirantes......
La estraña lucidez como sombra, sobre tu cabeza,
llorando a grandes gritos,..........soledad,

Dragones atados sollozando pesadillas....
epopeyas que rebasan tus campos de fresa.
En tus límites infinitos no caben tus glorias
ni tus cielos abarrotados,...entre tus dedos.

Pero sé.............

Que las palomas agonizan dentro de cada lagrima...
tuya.........
y que allí,....en ti,
las lágrimas no lloran,
tienen un inocente arco iris que las desborda.

 

MANUEL GONZÁLEZ VALÉS

 

GOTA A GOTA

 

Como gotas de rocío asoman
allá en la madrugada,
destellos en una noche de témpano,
desvanecen al calor del nuevo día,
vislumbrando las sombras
de un pasado marcado
por tus huellas.

Laberinto de emociones
preguntas sin incógnita,
sabemos todas las respuestas,
que se pierden en un camino
tan incierto como angosto.

Doy vueltas y más vueltas,
giro sobre mí misma
y pierdo el sentido buscando
un punto de luz, quizá,
Una ráfaga de aire...
que vislumbre la salida,
que acallen las voces,
que hoy atormentan mi ALMA.

Notas que emergen, se elevan y dispersan,
revolotean, juegan revoltosas
bailan mientras despliegan
mágicas pinceladas de luz y color.

CARMEN FERNÁNDEZ

 

 
JUGO TROPICAL

Rozando los límites, exprimo la vida
jugando a ser Ada,
jugo de frutas tropicales
elaboro una pócima mágica...
una dosis de serenidad,
dos de optimismo con mucha ilusión,
luego mezclas imaginación
con la ingenuidad de un niño,
una pizca de conciencia,
un vaso pleno de humildad,
un buen chorro de paciencia,
y mucho, mucho, amor.

Déjame embriagarme con este dulce sabor
necesito fuerzas para entender...
tanta ignorancia, tanta miseria
y tanto dolor!

Mariposa osada que vuela
ajena a tu tristeza,
pintando el cielo con miles de tonos
y espirales de color.

Una ráfaga incierta de Esperanza
que atrapo al vuelo,
me balancea a su capricho
buscando nuevos sabores
distintos caminos.

Dicen que somos locos
porque buscamos quimeras,
yo reto a los más cuerdos
para que se lancen al abismo
de esta nueva tarea,
y beban....!

Bebamos juntos,
sorbo a sorbo,
de este singular brebaje,
que quiero compartir contigo...
buscando nuevos sabores,
abriendo nuevos caminos.

CARMEN FERNÁNDEZ

 

RIMBAUD EN HARAR

En la horca negra, amable manca
Bailan y bailan los paladines
Los flacos paladines del diablo
Esqueletos de los saladinos.

A. Rimbaud


"Cuando me duele la pierna, me acuerdo de Paul". Así comenzaba el relato que Rimbaud escribía sobre unos viejos y usados papeles de contabilidad, que guardaba en un cajón, del único mueble de la humilde habitación donde vivía, en aquella ciudad asediada por el desierto. Siguió escribiendo y bebiendo un licor inmundo hasta que emitió un chillido rabioso que sobresaltó a Abdul, su fiel esclavo quien continuó observando con la mansa mirada de un buey, como su amo gritaba y blasfemaba, ala vez que azotaba las hojas contra las paredes ennegrecidas por el humo, de aquél habitáculo.

Salió a la calleja cubierta de polvo que conducía al mercado cristiano, mientras en su cabeza retumbaba la promesa que le hizo a su madre, antes de huir de su mundo asfixiante: "Jamás volveré a escribir una palabra para la literatura".
En su caminar cruzó delante de la casa que habitó efímeramente el capitán Richard Burton quince años atrás y decidió, de una vez por todas, cumplir su promesa.

Se perdió por las angostas callejuelas de un mundo sin árboles ni jardines, plagado de estancias mortuorias, de mezquitas, donde las tumbas de los jeques y nobles eran mas suntuosas que las casas de los vivos.

Ya en el mercado, donde se mezclaba el olor de los animales, la hediondez de los excrementos y las fragancias del sándalo y la hierbabuena, se dirigió a un corro de curiosos en el centro del cual, dos guardias custodiaban a un hombre atado por los pies. Era un ladrón que iba a cumplir su castigo. Arthur se abrió paso entre la masa excitada por el inminente espectáculo y se dirigió al verdugo en medio de la sorpresa y expectación del gentío. Colocó su mano derecha sobre el tronco de leña cubierto de sangre seca y pidió al hombre de la espada que la cortara de un tajo. El silencio se hizo entre los presentes hasta que uno de los guardas armados lo empujó sin contemplaciones fuera del circulo, donde fue arrojado al suelo entre los gritos e insultos de las gentes que lo llamaban borracho, faranji, loco.

Cuando volvió en si, caía la noche y la plaza estaba vacía. Solo un hombre sentado que se sujetaba el brazo derecho con un muñón mal cubierto de harapos, le observaba.
Se levantó y sintió un dolor intenso en su pierna llagada. Se acordó de Paul, de la mordedura del plomo que sintió aquella noche cundo le disparó, loco de celos en al habitación de un olvidado hotel de Bruselas.

Pero era urgente irse de allí, las hienas no diferencian entre un francés desarraigado y un nativo leproso. Las fieras estaban tras las murallas y las más osadas ya cruzaban la puerta de Shoa.

Rimbaud caminaba entre las sombras, dando tumbos por las vacías callejas, tan extrañas ahora, sin el tumulto de mujeres con pareos de colores y hombres de turbante y manto largo, que deambulaban bajo el sol en aquel recinto perdido de África.

La vieja Harar acaba de ser humillada por el rey Menelik. El conquistador orinó sobre su historia desde la mezquita mas alta y desde entonces una atmósfera sombría hiela las almas de sus habitantes y Rimbaud no es ajeno a esta agonía. Consume desesperadamente la absenta que le queda y las noches son calvarios de dolor y pesadillas, a pesar de los cuidados de su viejo esclavo.

Todo está perdido, hace muchos años que abandonó París y ya no pertenece a ningún sitio, solo es un desterrado al que sus amigos creen muerto.
Camina con ansiedad, intuye la cercanía de las hienas y cree percibir su pestilente olor. Tropieza y cae. Se levanta con dificultad y reconoce su casa, delante de la cual Abdul derramó sangre de cordero para ahuyentar a los malos espíritus.

Tras franquear la puerta saca de un arcón una botella y bebe hasta que cesan los temblores. El esclavo se levanta de su catre y se acerca caminando de espaldas, repitiendo una vez mas esa maldita costumbre de los siervos gallas de presentarse de esa manera ante sus amos. Rimbaud quiere estar solo y despacha a su criado. Acostado en su lecho, siente el impulso de irse de allí, de emprender nuevas aventuras, de hacerse rico con el trafico de armas, el marfil y el polvo de oro. La botella se vacía y la noche se llena de estrellas y sudor.

La vieja y piadosa amiga de los eternos sedientos de horizontes, impregna el cerebro del poeta y tras entrar por la puerta oscura de la pesadilla, los labios del loco de Harar traicionan su promesa y surgen los versos temblorosos y suplicantes:
*¡ Adonai, Adonai ¡
** J´ai tout fait patience / Qu´a jamais j´oublie / Crintes et souffrances / Aux cieux sont parties / Et la soif malsane / Obscurit mes veines.


* Nombre que los hebreos daba a la Divinidad
**He esperado tanto / que olvidados para siempre / dolor y temores / se han marchado al cielo / y una maldita sed / oscurece mis venas.

BELARMINO GARCÍA VILLAR

 

LOCURA O ENSUEÑO

 

Aquella noche de calor insoportable, humedecida por miles de cristalinas gotas de sudor, Tana sintió que la fina ropa se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Ni estaba dormida, ni estaba despierta, sumida en el sopor de un duerme vela sin tener conciencia de donde estaba y lo que hacía, luchaba contra las blancas sábanas como si fuesen cordeles que la estaban asfixiando. En su calenturienta mente, sólo buscaba un poco de agua fresca en la que calmar el ardor de su piel.

Allá a lo lejos, se escuchaba el rumor de las olas en un ir y venir una
y otra vez, acariciando la dorada arena de aquel escondido rincón de playa.

Atraída por aquel sonido, su calenturiento cerebro, imaginó agua fresca
en la que sumergirse quitándose de encima, el pegajoso sudor que la empapaba.

Dormida o despierta, consciente o inconsciente, sus pies se hundieron
en el sendero que iba desde la casa hasta el mar.
Por el camino fue perdiendo las pocas prendas que la cubrían dejando su cuerpo libre de aquella tela, que le pesaba como el plomo.
Su piel brilló a los ojos de la luna, como si se hubiese bañado en una tinaja de aceite.

Un profundo placer la recorrió de pies a cabeza sintiéndose libre, libre
de toda atadura, libre en la inmensidad del mundo, libre en la noche de sus sueños, libre como las aves que aún dormitaban en los árboles, libre para coger y desechar lo que se interpusiese en su camino.

Y corrió, corrió desenfrenadamente hasta encontrarse con el mar, se abrazó a él con pasión, se entregó a su caricia como la más apasionada amante, bebió del cáliz del placer sintiendo que su piel se refrescaba con cada sorbo mientras las olas la vestían y desvestían una y otra vez. La acariciaban con suavidad, la besaban y la lanzaban como una muñeca rota en cada cresta que subía;
y en la caída, dejaban que flotase jugando con ella sin llegar ha herirla.

Y Tana se abandonó por completo, nada era suyo, nada le pertenecía, sólo aquel inmenso placer recorriendo su cuerpo, este se filtraba por cada poro hasta llegar a su sangre calmando el calor que antes la consumía.

- ¡ Tana...Tana despierta.; Será posible ! Otra vez en el suelo desnuda.
¡ Rosina...Rosina, trae una palangana con agua y unas toallas.

- Madre, esto no puede continuar así. ¡ Cada vez está peor ! ¿ Porqué no dejas que se la lleven a la casa de salud ?

- ¡ Mi niña no está loca !

- ¡ Madre...¿ Pero no lo ves...Ella no es igual que nosotras.; Hace cosas
raras ! Llora a lágrima viva sin razón alguna. Ríe sin saber porqué. Se
queda mirando sin ver lo que tiene delante. No muestra interés por nada,
¡ Mejor dicho, por algo sí ! Esas cosas que escribe y que nadie entiende.
¿ Si eso no es estar loca...; Baje Dios y véalo !

Cerina miró a su otra hija. Ella jamás entendería a su hermana. No podía entenderla porque no eran iguales aunque las dos hubiesen nacido de ella.
Tana era fruto del amor salvaje, de la pasión sin freno, de la ternura, del amor. Un amor que lo llenó todo, un amor del que le quedó aquella hija.
Rosina era punto y aparte, Rosina vino porque tenía que venir para acallar rumores.; ¡Pero eso sólo lo sabía ella !

Por eso Tana era diferente, Tana llevaba en su sangre el fuego y la locura, la pasión y la creatividad, llevaba la herencia de su padre y como él, correría la misma suerte, lo veía venir y no lo podría evitar.

Con mimo, limpió y secó el cuerpo de su hija. Aún había restos de agua
salada y arena pegadas a la piel. Esa la trajo viejos recuerdos.
Un día Tana no regresaría, se quedaría perdida entre dos mundos como se había quedado su padre; pues fantasía y realidad, nunca fueron buenas amigas !

LUZ PARRAS

 

LA SANGRE DE LA AMAZONA

 

- Muchos de mis caballos corrieron por mí hasta la muerte;cosa que jamás ha hecho ningún hombre. Los hombres preferirían asesinarme- le dijo Elisabeth a su dama de honor, la condesa Sztaray.

- Pensáis mucho en la muerte...-le dijo la condesa.

Su amiga salió de la habitación y la dejó sola. Elisabeth se acercó a la ventana y permaneció un rato contemplando el lento atardecer de Ginebra, demasiado lento para ser setiembre. Y mientras se fijaba en las nubes que sobrevolaban el lago, volvió a pensar en sus caballos. Hacía algunos años, podía aguantar hasta seis horas galopando. Su yegua más hermosa había muerto reventada. Fue por mi culpa, pensó. Me obstiné en hacerla correr hasta el limite de sus fuerzas. Quería atravesar ese limite. La tarde era roja, y rojas las copas de los árboles. El bosque parecía infinito. Yo me alejaba de mi misma, de mis deseos y mis recuerdos. Sentía que estaba llevando a cabo una fuga total de mi pasado.

Y lo que al principio era sólo un sentimiento se fue convirtiendo en una certeza ...Era algo parecido a la locura. Y la yegua me comprendía...No era solo un viaje por el espacio; era también un viaje por el tiempo. Huía, como mi primo Luis, de mi hora de la verdad y de mi hora de la mentira. No pensaba, sólo sentía. Y ya no tenía cuerpo; todo mi yo era una exhalación en pos de un vértigo cada vez más delicioso. Y de pronto la yegua se detuvo, y permaneció unos instantes inmóvil, rígida; hasta que se desplomó y me obligó a morder el suelo...

Extrañada por la intensidad de aquel recuerdo se alejó de la ventana y reparó en el libro que había dejado olvidado sobre la cama. Era la "Antología Palatina", su poemario preferido, su libro de cabecera. Desde hacía años estudiaba intensamente griego clásico y viajaba con frecuencia a Corfú. Mas de Grecia y la cultura griega no se podía hablar con los caballos, muy nobles sin duda, pero bastante menos sabios que los centauros. De Grecia sólo había hablado a gusto con Luis, y Luis llevaba doce años muerto. ¿Solo doce? No, Luis en realidad había muerto antes de convertirse en cadáver, mucho antes. La enfermedad de la muerte era antigua en él, tan antigua como sus gustos, sus vicios, su locura..

¿ Y si a mí me estuviera pasando lo mismo?, se preguntó llena de inquietud.

Ya no siento el mundo como antes. La vida va adquiriendo a mi alrededor la patina atroz de lo irreal, y mi madre me dijo un día que cuando ocurría eso era mejor morir...¿De qué me sirvió edificar un palacio en Corfú, rodeado de cipreses y mimosas? Los mismos delirios que Luis, el mismo aburrimiento...De ahí que en cuanto lo vi acabo decidí venderlo. Todo se me antojó de pronto una pesadilla...Mi deseo de construirlo, mi deseo de habitarlo, y el nombre que le puse :Aquileion...Corfú se convirtió en un infierno, y me fui a Malta, y después a Palermo, y más tarde a Túnez, a Argel, a Mallorca, a Málaga, a Cádiz, a Granada, a Montreux, a Territt, a Mont Feuri, a Veytaux, y finalmente a Ginebra.

El viaje aquel en la yegua se vuelve a repetir. Me quiero detener pero no puedo. Me da miedo pararme, me da terror, y la condesa lo sabe. Y son muchas las noches que he intentado descubrir el secreto de mi ansiedad, que nada tiene que ver con la pasión por los viajes y con el deseo de conocer el mundo. Más que a conocerlo, aspiro a desconocerlo cada día más, y por eso en cuanto una una ciudad me parece familiar la aborrezco y me tengo que marchar.

Elisabeth se desplomó sobre la cama. Sabía que le esperaba otra noche de insomnio, llena de preguntas sin respuesta. Nueve horas de soledad en las que desfilarían por su cabeza imágenes de un pasado ya muy frecuentado por el recuerdo, odioso por demasiado personal y demasiado muerto. Las tardes inglesas, en Easton Weston y en Belvoir Castle; los encuentros secretos con Luis en el lago Stamberg y en la isla de las Rosas; sus continuas visitas a los manicomios de todas las ciudades por las que pasaba. Le gustaban los locos, los amaba. La locura es más autentica que la vida, pensó. Luis lo sabia y yo también lo sé, aunque me asuste reconocerlo.

A las seis de la mañana se levantó, permaneció un buen rato aseándose, y abandonó con la condesa el hotel. Le ardían los ojos e iba pensando una vez más en la muerte. Al pasar por el monumento a Carlos de Brunswich sintió un miedo repentino y un sudor frío humedeció sus sienes. Fue entonces cuando me acerqué a ella, me agaché para esquivar su sombrilla, y le clavé una lima en el pecho. Elisabeth perdió la conciencia como la pierde un borracho, lo que no le impidió seguir hablando y caminando mientras yo intentaba huir. El portero del hotel quiso ayudarla, pero ella subió precipitadamente al vapor que tenía que llevarla a Caux mientras le gritaba a su amiga:

- No ha sido nada. Apresúrate o perderás el barco.

La pasarela se elevó y el vapor se puso en marcha. Ya en cubierta, Elisabeth se desplomó. Mi lima le había llegado al corazón y el viaje que acababa de emprender era el más definitivo, por eso volvió a la tarde en que murió su mejor yegua. No estaba en Ginebra; ella nunca había estado en la ciudad de Leman, nunca. En realidad, ella seguía galopando en aquel atardecer interminable y, como entonces, no era solo un viaje por el espacio; era también un viaje por el tiempo, y la sangre que manchaba su vestido no era su sangre. Huía, como su primo Luis; y ya no tenía cuerpo, y ya no tenía voz.

- ¡ Elisabeth! -oyó decir.

Pero no hizo caso. Se hallaba cada vez más lejos y esta vez sabía que su yegua preferida iba a seguir hasta el final.

Y bien, yo fui el hombre que la mató, y los hechos de su intimidad que acabo de referir los he ido soñando durante mis noches en esta celda. Me llamo Luigi Luccheni, y soy anarquista.

Ya desde mi adolescencia deseaba asesinar a alguna persona de gran relieve social, pero nunca pude imaginar que mi victima iba a ser Sissi, ni que al matarla iba a cumplir su destino más que el mío, pues según me han dicho, ansiaba morir y soñaba a menudo con una dama blanca y desdentada. Ayer, en el palacio de justicia, el juez me dijo que había matado a una desesperada.

- No lo sabía -le dije yo-. Hasta ahora creía haber matado a alguien que gozaba de una felicidad intolerable. Yo en cambio vivo en la miseria, y ni siquiera pude comprar un cuchillo, por eso utilicé la lima. Lo siento de verdad, y estoy preparado para encajar la peor de las sentencias. Que la tierra me sea tan leve como lo fue para la emperatriz. No tengo nada más que decir; también para mi se acabaron las palabras.


JESÚS FERRERO

 

¿QUÉ ES UN LOCO?

"El hombre razonable se adapta al mundo; el no razonable intenta adaptar el mundo a sí mismo. Así pues, todo el progreso depende del hombre no razonable."
George Bernard Shaw

-¿Qué es un loco?

-Un loco es un hombre que niega lo evidente; un loco es un hombre que dice que ve cosas que no se pueden ver; un loco es un hombre que lleva la contraria al resto del mundo.

-Aún no entiendo, ¿podrías poner algún ejemplo?

-Puedo. Un loco es un hombre que niega lo evidente; como Copérnico, que dijo que la tierra gira alrededor del Sol. Un loco es un hombre que dice que ve cosas que no se pueden ver; como Newton, que dijo que existen fuerzas invisibles que mueven los cuerpos. Un loco es un hombre que lleva la contraria al resto del mundo; como Darwin, que dijo que las especies evolucionan.

-Una última pregunta. He escuchado a un hombre decir que el destino de la sociedad es ser justa, que algún día los hombres serán libres. ¿Es este hombre un loco?

-No hay duda. Este es, de todos los hombres, el más loco.

LUIS ITURRALDE

 

LA LOCURA DEL ARTE, EL ARTE DE LA LOCURA

 

En un estudio publicado en 1994 por el periódico inglés British Journal of
Psychiatry decía que los escritores "sobrecargan su cerebro de imaginación y en consecuencia sufren con frecuencia disturbios mentales". El estudio se basa en la biografía de un centenar de escritores británicos y norteamericanos en el cual se mostraba que "los casos de psicosis o depresión afectan al 80 por ciento de los poetas, al 80´50 por ciento de los novelistas y al 87´50 por ciento de los dramaturgos". En 1992 la Universidad de Kentucky elaboro un análisis biográfico de 1005 artistas famosos del siglo xx descubriendo que experimentaron de dos a tres veces mayor tasas de psicosis, intentos de suicidio, desordenes de la conducta y abuso de estimulantes que gentes de negocio exitosa y personas de vidas comunes. Otros estudios de artistas y escritores muestran altas tasas de suicidios, depresión grave y procesos maníaco-depresivos: más de 18 veces la tasa de suicidio que en la población común, de ocho a diez veces la tasa de depresión grave y, entre diez y veinte veces más alta frecuencia de enfermedades maníaco-depresivas y sus variantes. Aún cuando es necesario poner en cuestión muchos de los aspectos que señalan estos estudios, parece cierto que las personas altamente creativas experimentan graves desórdenes de conducta mucho más frecuentemente que el común de la población. Ahora, ¿qué significa esto? Dejando a un lado el aspecto más psiquiátrico, podemos partir de hacernos una pregunta básica: ¿Qué es lo que lleva al hombre a realizar una obra artística partiendo de la nada? La historia del arte se emparenta con la religión, con aquello que se separa de lo estrictamente necesario, de lo fisiológico y es una parte de la espiritualidad que crea nuestro cerebro cuando transciende de las meras necesidades animales. El arte es por tanto trascendental y aún cuando forme parte de la comunicación, lo hace desde una perspectiva sublimadora, donde la belleza, lo singular, la profundidad, lo complejo... juegan un papel preponderante. El arte forma parte de la realidad pero para realizar un juego diverso con ella; la cuestiona, la transforma, crea realidades paralelas, mundos ficticios o imposibles, y es ahí, en ese juego, donde la locura toma cuerpo. En algunas culturas y civilizaciones el "loco" ha sido considerado un individuo privilegiado, un visionario capaz de vislumbrar donde no lo hace el resto de la gente. Porque una de las esencias del arte es plantearse lo que no se plantean las instituciones, cuestionar lo que no se cuestiona el pensamiento "normal", hablar de lo que permanece entre bastidores. Así se ha denominado "sadismo" a unas determinadas practicas sexuales escogiendo el nombre de quien escribió de ellas.

Sin embargo el marqués no invento nada, simplemente habló de algo que ya se practicaba en la antigua Grecia y lo realizaban algunos ilustrados. Estamos ante el "traje del emperador", ese cuento donde un rey se pasea desnudo ante sus súbditos alabado por ese traje inexistente, hasta que un niño, liberado de la mansedumbre y los prejuicios, señala que el monarca está desnudo. En la lógica normal los súbditos y el rey son los"cuerdos", el niño es el "loco", pero el arte invierte los valores colocando al niño como el único cuerdo en un mundo de mentes adocenadas. En la tradición oriental los senderos de la mano izquierda eran el camino vital de los rebeldes, herejes, artistas, locos, vagabundos...Por el contrario, la derecha representaba el orden y lo establecido. El arte, la literatura, han partido de la mano izquierda, donde las seguridades ceden su paso al descubrimiento de lo nuevo, a la búsqueda de las diferentes caras de la verdad. Por eso arte y locura se han mezclado, cuando sitúan el momento creativo como soberano",trasgresor en la medida en que pone en cuestión el orden racional. La cuestión es muy compleja, el arte es un recorrido hacía el limite y los limites son siempre peligrosos.

Durante el siglo XIX se llegó a popularizar la relación entre arte y locura; Cesare Lombroso escribió el ensayo "Genio y locura" en 1864 donde partiendo de varios estudios trata de afirmar las enfermedades neurológicas y mentales de grandes artistas, como Moliere, Handel y Dostoievski, entre otros. La lista de escritores que padecieron algún problema mental podría ser muy larga, a modo de ejemplo podemos citar a: Edgar Alan Poe, Maupassant , Hölderlin, Virginia Wolf, Sylvia Plath, Mishima, Antonin Artaud, Anne Sexton, Gerard de Nerval, August Strindberg, Robert Walser, Alejandra Pizarnik, Leopoldo María Panero...

Sin embargo la mera enumeración y la relación de arte-locura, puede ser muy simplista. El fundamental arma de un escritor es la mente y una mentalidad sometida al juego con la realidad que antes señalaba, puede tener consecuencias tanto positivas, como negativas. Ernesto Sábato cuenta como la literatura dio un sentido a su vida, liberándole del suicidio o la locura, tras su paso por un mundo científico deshumanizado, así como su anterior desengaño del socialismo real. Juan Ramón Jiménez poseía una personalidad maniática y neurótica, padeció crisis de ansiedad, palpitaciones y ataques de pánico; la literatura posiblemente le impidió caer en su bordear por la locura. Hölderlin escribió una obra sólida durante 36 años , pero cuando una esquizofrenia lo dominó, el resto de su vida(37 años)apenas escribió un centenar de poemas que trataban del tiempo o el cambio de las estaciones. Porque es necesario diferenciar entre las excentricidades, las neurosis, las manías, las genialidades...es decir, las pequeñas "locuras", y ciertos grados de esquizofrenia u otras enfermedades mentales que a veces suponen un lastre o el fin del creador. Ante todo estamos hablando de un juego de equilibrios, de ese órgano cerebral donde en la parte izquierda domina lo intelectual (lo apolinio ) y en el derecho lo emocional (lo dionisiaco). Ambos, para la creación, son necesarios, la medida y su compenetración, una cuestión difícil de establecer, más aún cuando la "locura" del arte es un contrapeso frente a la "locura" del mundo.

Contrariamente a lo que ocurría en el siglo XIX, actualmente el escritor "loco", (salvo excepciones)no parece contar con buena imagen. Son tiempos de dominio del mercado y quizás demasiado se ha liberado al artista de la "locura" para entregarlo a la "locura" del marketing. Lo estándar, el literato normalizado, puede tener un aspecto positivo, pero también conducirnos a una literatura sin sangre, sin capacidad de remover vísceras, de erizarnos la piel. Pasar de ser el niño que señala con el dedo al rey diciendo que esta desnudo, a uno de sus súbditos que alaban un traje inexistente.

PEDRO ANTONIO CURTO

 

NEUROSIS Y CREATIVIDAD

 

Genialidad y locura constituyen un binomio que clásicamente nos han acostumbrado a reflejar en la comedia y la literatura. Infinidad de veces nos han mostrado al genio, al inventor, al artista, asociado a una personalidad extravagante, distraída, taciturna y torpe en sus habilidades sociales. Como un sujeto un tanto "pirado" que escapaba de la norma habitual.

Pero, ¿es eso una imagen que responde a la realidad, o es tan sólo un estereotipo habitualmente establecido como un tópico jocoso?

Einstein, reconocido genio por todos, dijo: "Si no se peca a veces contra la razón, no se descubre nada". Y verdad decía; porque, en definitiva, creatividad es mirar y descubrir donde muchos ya han mirado y no han visto nada. Mirar, desde otro lado, con sentido lógico y razonable nos lleva a casi todos a una misma conclusión y, tal vez, demasiado vulgar. Nada nuevo hay bajo el sol.

Locura y creatividad tienen sus semejanzas; ambas suponen una rareza, al menos desde el punto de vista estadístico, algo no corriente, distinto y anormal (fuera de la norma). El artista, el inventor, crea relaciones novedosas, impactos perceptivos inhabituales y diferentes a los ya establecidos. El loco, en su delirio psicótico, en su alucinación, también puede ser novedoso; pero ¿hasta qué punto, enriquecedor? ¿Es necesario enloquecer para crear?

El genio creativo busca y desarrolla; el delirante alucinado simplemente percibe y actúa de forma distorsionada. En el primero hay un intento de comunicación, de transmisión; en el segundo, tan sólo la liberación de una mente desestructurada.

Tampoco la disposición neurótica (locura menor) descompensada garantiza la creatividad y, por el contrario, puede entorpecerla con su desbordamiento emocional. Para ser creativo y, al menos, un poco genial se requiere un pensamiento liberado, desinhibido, pero al mismo tiempo organizado y disciplinado.

Algunos buscan la inspiración creativa a través del tóxico, de la droga y el estimulante artificioso; porque desinhiben y favorecen una percepción deliroide. Pero de nada sirven si no hay una base artística o de genialidad. Estas sustancias pueden despertar la chispa por casualidad; pero sería una creatividad efímera si no hay control sobre ella.

En cierta ocasión, un asno emitió un sonido musical al resoplar casualmente a través de una flauta hallada en su camino. Deberíamos pensar que era un asno genial; había logrado algo que otros de su especie no hacían. Pero, ¿sería capaz de repetirlo, de modularlo, de dar armonía a ese sonido? Y tal vez lo más importante, ¿era consciente de la transcendencia de su música? Evidentemente, no. La casualidad puede ayudar a la creatividad, pero es necesario organizarla, darle forma y domarla.

Probablemente el genio loco sea más creativo en sus raptos de locura, pero sólo hasta cierto punto. El subconsciente es un desván lleno de ideas desordenadas que anhelan salir; y cuando se liberan de golpe y sin control provocarán una creatividad caótica. Yo, personalmente, aconsejo al artista creador (sea pintor, escritor, músico, inventor o matemático) que aproveche esos momentos de desbordamiento sentimental. Que estrelle su tristeza, euforia, ira o desesperación contra el lienzo, el folio, la partitura o el encerado. Pero que lo deje ahí y no lo trabaje más; para que en otro momento, más equilibrado, le de una forma controlada. Que aproveche la tormenta de ideas explosionadas y, tras una limpieza de algunos absurdos -que evidentemente los habrá en una vomitona sin control-, recopile aquello que es realmente válido.

Tampoco es buena, sin embargo, la serenidad absoluta para ser creativo. La creatividad requiere una ansiedad, un ansia por expresar algo soberbio. La ansiedad es la manifestación emocional de la neurosis (insisto, locura menor) y ¿quién no es en mayor o menor medida neurótico? El que no tiene ansiedad tiene apagado su impulso creador, es un ser anodino y con las miras atrofiadas. Porque la ansiedad es algo normal y necesario; forma parte de lo que llamamos Principio General de Adaptación. La ansiedad es una emoción que nos pone en situación de alerta y, gracias a ella, nos enfrentamos a los presuntos peligros o huimos de ellos, nos apetece lo agradable o nos repele lo odioso; las únicas alternativas que tenemos en las disyuntivas de la vida.

Alguien podría decir que siempre hay otra opción, el pasotismo; ni lo uno ni lo otro, todo me resbala. Probablemente; pero para mí eso es vida vegetal y, por supuesto, nada creativa.

Alégrese, pues, de ser neurótico; porque gracias a ello posee un potencial creativo y tal vez genial. El que ese potencial se desarrolle dependerá del estudio, trabajo y entrenamiento que se le dedique.

JOSÉ Mª UNCAL JIMÉNEZ DE CISNEROS
Médico - Psiquiatra y Psicoterapéuta
Centro Allumar (Oviedo)

 

LA MÁSCARA DE JULIÁN

 

¡ Y pensar que a Julián de nada le sirve su enorme prestigio como letrado!

¡ Y pensar que luchó como un loco para conseguirlo!

El detalle aparentemente más intranscendente puede cambiar nuestras vidas.

Julián vio la luz en un mísero hogar, huérfano de padre, tuvo una madre abnegada que consagro su vida a que su hijo tuviese un futuro mejor el que había tenido ella. Él fue un inteligente estudiante, acabo lo estudios de derecho con brillantez, lo cual fue represento un orgullo materno. Por primera vez en su vida conoció la abundancia económica y al joven abogado se le presentaba una carrera brillante.

Entonces...¿Qué le pasó a Julián? Fue durante una de sus visitas a la cárcel donde conoció a un preso, joven como él, sometido a la espiral de la exclusión y la pobreza. Una pregunta se hizo en su cerebro: ¿Cuál hubiera sido su destino si él hubiese tenido el destino de aquel hombre que estaba tras las rejas, si él no hubiese tenido el apoyo de su madre? Aunque parezca extraño, sintió deseos de regresar a la miseria y fue a casa de su madre, y le dijo a aquellamujer de cabellos ya blancos y arrugada piel:

"Madre, mi nueva vida me conduce a la locura".

HERMINIO GONZÁLEZ

 

EXTRAÑEZA
(Con encabezado introductorio por PAULA IZQUIERDO)

 

Sus ojos se pasean perdidos, peregrinan por el techo que no es suyo. Retira las sábanas con cuidado, se incorpora lentamente en la cama, desnuda, girándose hasta alcanzar el borde del colchón. Utiliza las manos para no perder el equilibrio, sabe que a su espalda ha dejado un hueco, el de su cuerpo tendido. Apoya en el suelo las puntas de los pies descalzos, que recogen todo el frío de la madrugada, y, sin darse la vuelta, sin mirarle, comienza a buscar entre las sombras que engendra la luz de la calle algo con lo que cubrirse. Un repentino escalofrío comienza a recorrerle el cuerpo, y se abraza para no dejarle avanzar. Tiene que recordar el espacio en que se encuentra, apenas entrevisto unas horas antes o unos minutos antes, cuanto tiempo. Intenta traspasar la penumbra, hacerse a ella, acostumbrarse para reconocer el territorio. Reconstruir los hechos como un detective ante la escena de un crimen. Si hubiese sido un encuentro amoroso normal ella probablemente llevaría zapatos de tacón con medias finas, para proponer la larga sugerencia de sus piernas, pero no se trata de eso, como en muchos otros encuentros que se llevan sucediendo desde hace más de dos años. Blanca acecha a esos hombres de noche y se va con ellos a sus casas, incluso a un hotel donde en ocasiones paga la factura en su totalidad y solo pone una exigencia, que aguanten con ella toda la noche. Así cree poder evadir durante unas horas toda su soledad, pero con ello solo evade los pensamientos de una persona que se siente sola. Pero es suficiente, descansar, dejar de pensar. Su cuerpo junto a uno de esos cuerpos desconocidos puede relajarse y dormir placidamente hasta el momento que llega el día y aparecen las incomodas despedidas.

En ocasiones sus amantes esperan una segunda cita, le piden el número de teléfono o le preguntan por aspectos de su vida. Eso lo odia, le incomoda. En otras ocasiones los hombres parecen deseosos de seguir junto a ella, como si ese encuentro ocasional hubiese sido insuficiente, escaso y quisieran impregnarse por completo de una gran parte de Blanca. Desean amor o dedicación, pero si por algún motivo lo consiguen actúan de forma contraria hasta la de ese instante, distantes, con todas las ansias de abandonarla.

En la mayor parte de los casos le cuentan aspectos íntimos de su persona que carecen de importancia para ella. Le gusta cuando todo sale como desea, como se lo imaginaba en un principio, cuando ambos se despiden con corrección y deja una puerta abierta por sí por un casual se produce un segundo encuentro fruto de la casualidad. Siempre recuerda a esos amantes con cariño, incluso con deseos de volver a coincidir. Saben verla, tratarla, hacer que se sienta poderosa, cómoda y libre en sus brazos. Pero ponerse en el lugar del otro es una debilidad de muy pocos y quizá por ello cuando está en presencia de esas personas siente durante una noche una vida por la que vivir. Normalmente esos hombres están casados o, al igual que ella, tienen el desengaño guardado de un amor extinto. Tan solo en ellos permanece y como en ella ya no aman a la persona que desencadenó esos sentimientos, sino al sentimiento en sí. Aman el pasado y todas las sensaciones que una vez les han pertenecido. En otras ocasiones comparte cama y placeres con gente despreciable y, aun así, sabiéndolo, suponiéndolo desde el principio, se va con ellos. La tratan mal, la desprecian e incluso eso es mejor que permanecer sola en la noche.

Pero esa noche ha sido distinta. No consigue recordar que hizo con sus cosas, donde se le cayó la ropa, los pendientes o un collar que llevaba. Todos los objetos que la prisa o la necesidad obligan a ir depositando de cualquier modo, en cualquier lugar, como si su destino ya no le perteneciera. Tampoco se acuerda de él, el momento que se conocieron o como fue a parar a ese lugar. No recuerda haberlo hecho, pero sabe que ha sucedido por las marcas de su cuerpo. En las nalgas aun siente las huellas de unas manos encendidas, que como hierros candentes para marcar el ganado le han dejado el cuerpo en carne viva, de tanto aprehenderlo. La piel dolorida en la parte interna de los muslos, en esa zona tan fina y suave. Siente su cuerpo roto, como si después de un juego infernal su erosión fuese el resultado de todos sus pasos por la vida.

Levanta los pies del suelo, para no seguir absorbiendo el frío de la noche que se cuela por debajo de la puerta. Se aferra a las piernas y mete la cabeza entre las rodillas. Comienza a sollozar con cuidado, con miedo a despertarlo. Sabe que detrás está el que esta vez es un autentico desconocido.

Se dice que será la ultima, que no seguirá en esta vida, lo dejará todo. Igual se cambia de ciudad o de trabajo o de amigos pues en muchas ocasiones eso es lo que le recuerda su vida con Alberto. No es normal que cueste ahora más que antes, cuando la abandonó. Antes luchaba, intentaba superar el desengaño, rehacer su vida, luchaba, en definitiva. Ahora solo se deja llevar en añoranzas. ¿Podrá algún día olvidar su ausencia en el cuerpo de otro? Sabe que este no es el camino. Está enferma de amor, de soledad, de falta de estima. Debería irse, hacerle frente a su debilidad y salir antes de que irrumpa la duda. La duda entre levantarse y afrontar el frío de esa madrugada de invierno o volver a la duermevela de la que quizás no halla llegado a salir. Arrebujarse entre las sábanas, colocar la almohada, hacerse un ovillo y no ser por un rato más. Pero no podría volver a dormir.

Los ojos ya se han acostumbrado a la tenue luz de sombras que penetra entre las cortinas como en un reloj de arena, goteando. Puede ver los bultos de su ropa mezclada con la de él, sus zapatos, el bolso, incluso los pendientes encima de una de las mesitas, pero no consigue encontrar el collar que un día, cuando aun sentía amor, le había regalado Alberto. Siempre lo lleva con ella y son raras las ocasiones en que se lo quita. Pero no importa, es uno más de los recuerdos que reinventa cada día. Quizás en el tiempo el collar posea una belleza y un valor superior al que ahora posee, pues va a dejar de pertenecerle. Así que se viste con torpeza entre la media oscuridad y el silencio para no despertarle. Antes de abandonar la habitación del hotel destapa con cuidado el cuerpo desnudo, puede verle la cara, su torso, el sexo fláccido y pegajoso. No sabe si es un chico que apenas ha salido de la adolescencia o simplemente aparenta menos edad, pero aún así es muy joven, más joven que ella, mucho más. Está segura, descubre que no tienen nada que ver. En otras circunstancias jamás hubiesen coincidido.

Se aleja de la cama y entra en el lavabo. Enciende la luz y mira su reflejo como si no fuera ella. Tiene el rostro irritado, rojeces desperdigadas por la piel del escote, también en el cuello, los ojos emborronados por el rimel, la boca desdibujada sin restos de carmín, despintada por el uso. Se arregla como puede mientras las horas de alcohol de la noche se hinchan y rompen en su cabeza, hacen estragos, derriban sus pensamientos, como chamizos en una playa con viento. Por fin consigue hacerlo todo. Ya se puede ir.

Fuera todo sigue igual. Está amaneciendo y llueve como para distraer a la esperanza. Con ello consigue lavar sus recuerdos y ponerlos a secar, antes de guardarlos para siempre. Ya ha tomado una decisión. Comienza a andar, camina con movimientos torpes e inseguros.

Pronto llegará a casa y afrontará un día nuevo con la sonrisa pintada al igual que la mueca de un payaso, que nadie se entere que a veces siente a una extraña en su cuerpo.

¿Cuánto tiempo ha de transcurrir para curarnos del pasado?

LORENA GUILLÉN

 

MIRADA DE PIEDRA

 

En aquel tiempo, yo trabajaba de vendedor de libros a domicilio. Casa por casa, bloque tras bloque, cada día me esforzaba por convencer mediante argumentos cuidadosamente preparados y ensayados, a personas de lo mas variopinto, de que se gastaran una gran cantidad de dinero en comprar una colección de libros que, por lo general, ojearían distraídamente una o dos veces en su vida, (eso si llegaban a hacerlo alguna).

Algunos, con dos dedos de frente, aunque interesados por el artículo, parecían dispuestos a negarse por lo elevado del precio, pero entonces metía yo por el medio alguna frase del estilo de:
"Si tiene usted muchos gastos, es por que también tiene muchos ingresos, y no querrá usted escatimar precisamente en cultura, ¿verdad que no?. Entonces firme aquí y....."

Aquello era mano de santo. Si llevabas bien la conversación y tenias el contrato y el bolígrafo a mano, eran pocas las veces que fallaba. Antes que admitir ante mi, (y peor aún ante si mismo), que apenas si miraría esos libros en toda la vida, el cliente prefería soltar los cuartos en otra cosa mas que no necesitaba. Poco después yo salía de su domicilio, con una repentina prisa y una sonrisa en los labios mientras le felicitaba por su decisión.
Y así, yo me sentía cada vez más miserable con aquella existencia reciente, a la que ya empezaba a imponerle un final dentro de no demasiado tiempo.

La relación con los compañeros en el equipo de ventas era cordial, pero difícilmente podía llegar a ser algo más. Se esperaba que trabáramos relación entre nosotros, que comiéramos juntos, que tomáramos algo juntos después, y cosas así, propias de la sectaria vida corporativa, donde tu mundo privado va siendo invadido con lentitud por tus empleadores.

Supongo que era buena gente, pero lo cierto es que apenas si tenia nada en común con ellos, ni en aficiones, ni en valores, pero sobre todo en la buena disposición con que muchos de ellos atacaban la interpretación de aquella mascarada social que intentaban hacer pasar por nuestra amistad.

Había sin embargo una excepción notable, Florez.

Florez me sacaba unos pocos años, era reservado y callado en las reuniones del equipo de ventas. Cubría su cuota todos los meses, pero a pesar de llevar ya varios años en la compañía, no había pasado de ser un simple vendedor, ni tenía un equipo propio. Sin embargo aquello no parecía preocuparle.

En mi primera semana me pusieron con él para visitar zonas e ir aprendiendo. Creo que nos caímos bien. Una de las razones por las que empezamos a conversar, fue que al igual que yo, y ya fuera en el coche o subiendo hasta la última planta de un edificio, en el ascensor, el tampoco sentía la necesidad de decir cualquier estupidez para romper el silencio y así aliviar una tensión que no existía.

Es curioso, pero nuestro aprecio por ese silencio, fue lo que nos llevó a conversar.
Eso y una común afición por la historia antigua y la literatura, hicieron posible el que llegáramos a comunicáramos realmente.

Para él, yo era una curiosidad, una anomalía de entre la marabunta habitual de jóvenes que llegaban a la empresa con la intención de comerse el mundo. Se preguntaba de donde habría salido y como había llegado hasta allí.

Le di una respuesta típica; la falta de otro trabajo y una esperanza de mantener aquella ocupación de forma muy temporal, tal vez por unos meses. Él, con una media sonrisa, admitía poco después un inicio muy similar al mío.

Pasaron las semanas, y tuvimos mas oportunidades para conversar. En ocasiones, si nos emparejaban, encontrábamos siempre una media hora perdida en la que nos tomábamos una copa o un vino donde hablábamos mas de nosotros y de la vida, y....en fin, de todo menos de aquel apestoso trabajo que el también parecía despreciar sinceramente, pero sobre el que evitaba pronunciarse muy cuidadosamente.

Pasó un mes y parte de otro, a lo largo del cual, nuestros "escaqueos" laborales se fueron volviendo cada vez mas frecuentes y dilatados, siendo cada vez regados con mas alcohol en el bar de turno, en la ciudad que fuera.

Yo le hablaba de una obra de teatro que estaba escribiendo, de un viaje que quería hacer, de una chica que me gustaba, de escribir la letra de una canción para un festival y de mil otras cosas que me bullían por la cabeza.

Él, simplemente escuchaba y parecía asentir con aprobación, sin decir gran cosa en todo el rato. Tan solo me miraba.

Hasta que llegó un día, en que nos quedamos mucho más de una hora en el bar, y bebimos mucho mas de lo que teníamos los dos por costumbre. No se como, pero de repente, me di cuenta de que mientras yo hablaba, él había empezado a mirarme fijamente a los ojos y una frase a medio articular murió en mis labios. En aquella mirada, había odio. El no dijo nada y seguimos bebiendo en silencio.

Yo no comprendía la situación, no la entendía y fue por eso que quise atravesar su mirada con la mía, buscando una razón, algo que me permitiera entender aquella situación, cuando al fin, ayudado por el vino, le comprendí.......

Jamás había querido saber tanto sobre mí, no quería saber nada de mis planes e ilusiones, de mis viajes y mis historias. El solo esperaba con cada vez mayor ansia, a que yo me convirtiera en alguien diferente. En aquel momento pude ver por un instante su interior y él, guiado por aquel primer destello de verdadera comprensión mutua, me dijo:

-Mira, tus locuras y ensoñaciones sobre la vida me entristecen, tu esperanza de alcanzar una vida de ensueño, la verdad, resulta muy deprimente.

-No te confundas conmigo, tu y yo somos muy parecidos, o al menos yo fui como tu una vez, hace tiempo.

-Vivía cada día, intentando encontrar una manera de hacer realidad mis sueños e ilusiones de juventud, ser feliz, crear un mundo mejor, todas esas cosas.

-Esa actitud, puede ser excusable en un adolescente, pero resulta imperdonable en un hombre hecho y derecho.

-Tarde o temprano intentarás hacer realidad alguna de esas locuras de las que me hablas, intentarás tutear y mirar a la cara a la vida, y ocurre que la vida es muy puta, muy real.

-Cuando eso ocurra, no podrás andarte con mas rodeos, La vida te devolverá la mirada y hará que te puedas ver reflejado en ella a través de alguien, y si para entonces no has madurado, no podrás soportarlo, no tendrás fuerzas......como casi me ocurrió a mi.

-Afortunadamente cuando aquello me ocurrió, yo ya trabajaba para don Nicolás, nuestro jefe de sección. Él me ayudó a despertar a la vida en el mundo real y me enseñó a rendir todas esas locuras y ensoñaciones que por un tiempo quisieron seguir turbando mi mente. Gracias a el, pude aceptar mis limitaciones y deje de ponerme en ridículo al intentar elevarme por encima de ellas. Ahora, tengo ante mi un prometedor futuro en el departamento comercial de esta editorial, tengo un buen coche, acabo de firmar una hipoteca para un piso a pagar en 30 años y de aquí a finales de año me casaré.

-Así es como vivo ahora, disfrutando del éxito y sin miedo al fracaso. Mi vida ya está trazada.

-Confieso que en ocasiones, todavía siento un ligero residuo de nostalgia por todas aquellas ilusiones tan coloridas, por haber dejado mis sueños atrás, pero supongo que es algo achacable al estrés, o a la depresión por no haber cerrado una buena venta que tuviera en perspectiva.

-Hubo incluso una vez, que mirándome al espejo por la mañana, deprimido, quise engañarme y me dio por pensar que estaba perdido, que estaba tirando mi vida por la ventana y consumiéndome en un trabajo gris y sin perspectivas.

-Afortunadamente, don Nicolás estaba allí para mi, y gracias a él, comprendí que todos tenemos un lugar en la vida, y que el mío estaba allí. Me ayudó a ver, que el premio al que antes aspiraba, en realidad es un castigo. Mis sueños siempre fueron una utopía inalcanzable, en pos de la cual solo habría logrado convertirme en un miserable desgraciado, como le ocurrió a algunos de los autores cuyas obras precisamente publicamos en nuestra editorial.

-He logrado convertir la derrota, en triunfo.

-Ya no me concedo el lujo de vivir ilusiones para creer que aún sigo llevando un niño dentro, yo ahora siempre vivo y elijo la dulce realidad, tan segura, tan cierta.

Después de decir aquello, se calló. Estuvimos en silencio un rato mas, mirándonos sin decir nada, hasta que, pesadamente, se levanto de la mesa.

-Recuerda mis palabras. Tal vez haya estado un poco brusco, pero tu me caes bien, y cuando veas la aplastante razón que tengo en ellas, poco a poco podrás aceptar esta realidad y empezar a ser feliz de verdad en ella. Olvida esas locuras de juventud y te ahorrarás mucho, muchísimo dolor.

Acabó su copa de un trago, recogió su carpeta de contratos y poniéndome la mano sobre el hombro me miró.

-Ya me lo agradecerás.

Y así, se marchó.

Permanecí un rato mas en aquel bar, sentado solo y mirando un vaso vacío que hacía rodar lentamente sobre la mesa. Hasta que, en algún momento, más tarde, yo también me fui.

Al día siguiente, me presenté en la oficina con puntualidad, devolví mi carpeta de contratos y anuncie mi renuncia. Una hora después, abandoné aquel lugar para siempre.
Han pasado varios años desde entonces, y hasta el día de hoy, todavía pienso con inquietud en horas de crepúsculo, si algún día el niño que llevo dentro, llegará a convertirse en un adulto descolorido que quiera darle las gracias por algo a Antonio Florez.

 

OMAR TUERO UNCAL

 

EL PABELLÓN DE LOS LUNÁTICOS

 

"¿Qué cree entonces que le ocurre a nuestro hijo?"

El doctor sopesó la pregunta con frialdad médica. Odiaba esa parte de su trabajo que consistía en comunicar malas noticias. En recibir a padres como los que tenía sentados delante, ansiosos por oír diagnósticos esperanzadores cuando él sólo podía transmitirles incertidumbre.

"Pues verán. Me temo que Borja...", dijo refiriéndose al chaval, "... debe aprender a controlar esas invenciones suyas tan fuera de lugar. Y tiene un largo camino por delante. Es natural que los críos cuenten mentiras de vez en cuando, pero lo suyo va más allá del simple embuste. Es como si necesitara evadirse de la realidad elaborando auténticas sartas de episodios artificiales."

Los padres no rebatieron nada de lo que decía, sabían bien de lo que hablaba. Llevaban tiempo con ello en casa.

Como aquellas disparatadas historias que Borja contaba entre sus compañeros de clase. Quienes le escuchaban se ensimismaban tanto que luego se quedaban como soñando despiertos en el aula. Pero la puntilla había sido aquel cuaderno que su profesora había descubierto en su taquilla. El doctor lo sacó ahora de un cajón y lo dejó sobre la mesa. Los padres lo miraron con grima, como si se tratara de algo negro y peludo que su hijo hubiera vomitado.

"Esto", dijo el doctor, hojeándolo con una arruga en el ceño, "son textos que él ha escrito. Hablan de personas que no existen y cuentan cosas que nunca han sucedido ni sucederán. Cuesta asimilarlo, pero nada de lo que aquí consta es o ha sido cierto. Hay marinos que naufragan en islas perdidas, seres que vienen del espacio exterior, gente que se transforma en animales... En fin, desvaríos, ideas que le llevan a disociarse del mundo que le rodea y adoptar una visión distorsionada del mismo."

El doctor cerró entonces el cuaderno e indagó sobre si existían antecedentes en la familia. La madre reconoció con rubor que había cierto referente en su abuela, a quien le daba por pintar las siluetas más extravagantes en las paredes y las cortezas de los árboles. Con severas reprimendas y escondiéndole las tizas y rotuladores, habían logrado que lo dejase. Sólo al final, en el asilo, había retomado aquella desconcertante manía, pero entonces podían achacárselo a la senilidad.

"A su hijo", prosiguió el doctor, "conviene mantenerle en observación hasta que tengamos definida la terapia a seguir. En todo caso, no existen garantías de que consigamos contener esos arrebatos suyos. Aún estamos probando tratamientos contra ese síndrome que padece".

Entonces la madre rompió a llorar y el padre tuvo que consolarla mientras el doctor desviaba la mirada. Cómo odiaba aquellas incómodas situaciones...

"Por fortuna", continuó, "Borja está en buena edad. La adolescencia es un período clave en su desarrollo psíquico, y confío en que logremos hacer progresos significativos. Es todo cuanto puedo decirles de momento. Si lo desean, pueden pasar a verle ahora."

Un celador les condujo al pabellón. Era un amplio recinto por el que deambulaban pacientes en pijama y bata. Pacientes que a primera vista parecían sanos, nadie diría que tuvieran impulsos tan insólitos como confeccionar delicadas estructuras con palillos o alzar en la playa castillos de ensueño con arena y unos guijarros. Había quienes entonaban agudos acordes vocales, quienes imitaban los ademanes de otros comportándose como ellos, y los había incluso que movían el cuerpo en espiral mientras se mantenían en precario equilibrio sobre la punta de los pies.

Borja estaba haciéndole compañía a Nicolás, que yacía en un sofá embotado por la medicación. Sin ella, Nicolás andaba siempre haciendo sonidos rítmicos con cucharillas y latas de refrescos, y si se los quitaban repicaba con los nudillos, chasqueaba los dedos o entrechocaba los dientes. La única solución era inyectarle altas dosis de un relajante muscular que le dejaba tan débil que necesitaba ayuda hasta para ir al baño.
Borja vio venir a sus padres y se levantó. Miró a los ojos a su madre y notó que había estado llorando. Se preparó para lo peor.

"¿Nos vamos a casa entonces...?", preguntó, aunque podía ver que no sería así, y que se disponían a hablarle con gran seriedad. Se sentaron con él y le explicaron que le vendría bien quedarse allí un tiempo hasta que los doctores le hubieran examinado a fondo. No protestó porque sabía que sería inútil. Le aseguraron que pasarían a visitarle el primer domingo de cada mes. Al ir a darle un beso a su madre, la encontró fría y distante, como si no quisiera que la tocase. Le dedicaron unos minutos más antes de marcharse. Iba a decirles "os escribiré", pero entonces recordó que tenía restringidos el papel y los lápices.
Cuando se hubieron ido, fue a sentarse a un sillón apartado.

"¿Todo bien, Borja?", le preguntó Verónica, una chica que le caía muy simpática.

Verónica tenía que comer con cubiertos de plástico debido a su peligrosa afición a los cuchillos: si caía uno en sus manos, lo deslizaba sobre las piezas de fruta asestándoles tajos hasta que parecían mariposas o estrellas de mar.

Borja asintió en silencio. Quería que le dejaran tranquilo un rato, y ella lo entendió. Nadie le molestó mientras se refugiaba en el mutismo. Cómo desearía expresar lo que sentía, pero no diciendo "estoy triste" a secas, sino trasmitiendo cada matiz de su tristeza mediante una palabra vibrante y certera que penetrase como un dardo en la conciencia. No era fácil bajo el estupor que ocasionaba la medicación...

Desistió al rato y fue a sentarse frente al televisor, junto a Javier. Nadie le hacía mucho caso a Javier. No sabía estarse sin frecuentes salidas de tono y absurdas exageraciones, poniendo incluso vocecillas chillonas y muecas, que solían provocar en la gente una reacción sumamente embarazosa: les daba la risa. Lo que hacían en el sanatorio era tomarle en serio, demasiado en serio según él. Como parte de su terapia, tanto pacientes como personal estaban bajo estrictas instrucciones de limitarse a fruncir los labios y el ceño ante lo que les contara.

El televisor estaba sintonizado en el canal de noticias. No era eso lo que a Borja le apetecía ver, así que le pidió a Javier el mando y cambió al canal de documentales, después pasó al de concursos, y luego al de deportes, hasta descubrir que se le habían acabado los canales y había vuelto al noticiero. Se resignó a verlo, pero no podía evitar entrever descabelladas historias en los sucesos cotidianos que se mencionaban: ¿Y si aquel prototipo de avión militar que estaban probando se esfumase en el aire de repente? ¿O si aquel crimen sin esclarecer fuera una venganza aplazada largos años, que se consumaba al fin tras un meticuloso plan...? Asustado de sus propios pensamientos, se los sacudió de encima y le cedió a otro el mando a distancia. Si sospecharan lo que le pasaba por la cabeza, le pondrían en aislamiento y bajo sedación. Dirían que lo hacían para que no se planteara aquellas preguntas, para que no se asomara a aquel mundo demencial.

Precisamente por no asomarse a él, se dedicó a mirar por la ventana, cuidando de que no pensasen que hacía como Raúl y le prohibiesen aquello también. Cuando Raúl miraba las nubes, veía en ellas delirantes siluetas que ansiaba conservar, así que tras los días lluviosos estaba siempre con las manos en el barro, amasándolo y dándole formas que creía haber captado.

Pero Borja no miraba a las nubes, sino a la línea de edificios que se alzaba frente al sanatorio, tan rectilínea, tan gris, y trazada en un panorama tan monótono que dolía mirarlo. Ojalá alguien construyera edificios menos feos. Ojalá alguien lo arreglara todo allá fuera, y le agregase un "algo" para lo que aún no había nombre. Haría falta dárselo para invocarlo. Tal vez, pensó, si las drogas no me aturdiesen demasiado, pudiera yo encontrar esa palabra...

 

ALEX ORDIALES

 

LA DIOSA TAMIL

 

Entre en aquel bungalow como lo hacía en cualquiera de aquellos lugares habitado mayoritariamente por extranjeros: hombres de negocios, técnicos y diplomáticos vivían en esos lugares que para nosotros poseían un lujo inalcanzable. Aquel estaba alejado y aislado, me comunicaron que su inquilino era el cónsul chileno, por lo que tenía que realizar mi labor de la mejor forma posible.

Yo sabía de sobra que significaba esa "recomendación", es algo que aprendemos pronto las castas de los parias; que los suelos estén limpios, los excusados libres de inmundicias, que los señores no se encuentren con basuras, pero que nadie perciba las manos que arrancan lo innombrable. Más que intocables, debemos ser invisibles; así trataba de hacerlo yo. Entraba en la casa y recorría un largo pasillo que me llevaba al fondo, donde se encontraba el retrete, cogía el cubo, lo colocaba sobre mi cabeza y lo sacaba al exterior para después ponerlo nuevamente en su lugar, libre y limpio. Realizaba aquella tarea con rapidez y sigilo apenas la luz del día se había puesto, de manera que el hombre se despertase con el lugar limpio, sin saber como se producía. Me había acostumbrado a realizar aquellos trayectos que para algunos podían ser denigrantes, sumiéndome en la indiferencia, abstrayéndome hasta habitar otros mundos en los que lograba evadirme de los nauseabundos olores que desprendía aquel receptáculo colocado sobre mi cabeza. Para ello me servía de uno de esos pocos elementos que mi raza, los tamiles, permite gozar hasta a las capas más miserables, la cultura, gracias a la cual yo había aprendido a leer e incluso, como una fortuna de los desheredados, poseer un libro. Aquel pequeño volumen llegó a mis manos tras haberlo encontrado en uno de los lugares que limpiaba.

El libro estaba en el excusado, en un rincón, como si lo hubiesen abandonado allí, en aquel lugar, despreciando los versos que contenía. Por eso, cogerlo, no me pareció un robo, más bien una apropiación para darle vida a un objeto que estaba condenado a desaparecer. Y sin duda se la di, porque como tantas veces suele ocurrir, lo casual se convierte en elemento esencial de nuestras vidas. Hasta que pude leer los versos contenidos entre aquellas hojas, yo desconocía el valor sublime que pueden contener las palabras; para mi eran simples elementos formando parte de la ordenación mecánica de las cosas y posiblemente, lo siguieron siendo. Porque desde que leí aquellas palabras, el lenguaje se escindió; uno era el que formaba parte del tiempo gris que contenía cada día de mi vida. El otro estaba en el sueño, no el que se situa en la oscuridad tras unos párpados cerrados, sino aquel que vemos con los ojos abiertos, con unas pupilas que contemplaban, como las mías, inmundicias contenidas en un cubo mientras yo percibía crepitantes sonidos marinos.

"Para que tu me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor color las yedras."

Así, con esos versos bailando en mi cabeza, recorría aquel pasillo con mi sari rojo y mis pies descalzos. Casi nunca me encontraba con los moradores de aquellas casas y cuando se producía, ellos me ignoraban y yo ejercía como un ser que no fuese de carne y hueso. Pero si, lo era. Lo supe el día en que él me miro; percibí sus ojos sorprendidos mientras hacía mi trabajo diario, como siempre, no me di por aludida. Otro día, no fue solo su mirada, con una voz nasal, me llamó; era un idioma extraño para mí, sin embargo su sonido parecía contener algo familiar. Lo mire entonces como han aprendido a hacerlo los seres sometidos desde su nacimiento a ser inferiores ante el otro; mover disimuladamente las pupilas y grabar en ellas una imagen fugaz, tan próxima y a la vez tan inalcanzable.

"Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga"

Aquellos versos rodearon mi cuerpo imaginariamente, como si él, con su voz invadida en la curiosidad me hubiera lanzado dardos de seda cuando reconocí aquella nariz aguileña, aquel rostro de pájaro, sus ojos pasmosos. Era la imagen de ese dios que yo había contemplado impresa en mi libro.

Aunque me faltaban las fuerzas y sentía tambalearme cada vez que realizaba el trayecto al fondo de la casa, trate de continuar ejerciendo mi invisibilidad; el seguía mirándome y sus ojos me sacaban del submundo paria para colocarme en el pedestal de una diosa. Otras veces su presencia era sustituida por regalos que dejaba en mi camino, sedas o fruta que yo era incapaz de comer aunque el hambre anidase en mi estomago; las acariciaba, frotaba mi cuerpo con aquella tela y él venía con sus versos.

"Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito."

En una ocasión transgredí todas las reglas que los parias tenemos marcadas como norma de nacimiento; desvié mi camino habitual y lo contemple durmiendo en su cuarto. Respiraba como el graznido de un ave, conteniendo los paisajes de su país, aquel Chile cuyo nombre me sonaba más como una evocación fantástica, que de una tierra existente en la realidad.

Una mañana se puso delante de mí, me cogió de la muñeca, me miró fijamente y con firmeza me arrastro a la cama. Yo le deje hacer, notaba la fuerza de sus manos, el deseo anidando en sus ojos; no era la primera vez, las de mi casta sabemos que somos tan intocables como poseibles por cualquier ansia de macho. En esas ocasiones me dejaba tomar haciendo que mi cuerpo no sintiese nada, así, el hombre, copulaba sobre mi creyendo disfrutar por poseerme, sin saber que en realidad realizaba un ejercicio de onanismo con mi cuerpo.

También lo hice con él, con mi poeta. Cuando se abalanzó sobre mí, me sentí leve, sublime, pero no era su carnalidad quien me enervaba, sino los versos que descubría ocultos en alguna parte de aquel ser.

"Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra."

El se mantuvo en silencio, posiblemente pensó que no existía idioma en que comunicarnos. ¡ Cuanto se equivocaba! Permanecí impasible, ardía su cuerpo, sentía sus versos, permanecí impasible.

Lo peor de ser paria es la costra que nos crean para poder sobrevivir y hacer que no sentimos, como se lo hice creer a mi poeta, en aquello que era, la despedida de lo imposible.


PEDRO ANTONIO CURTO

 

UN BOHEMIO

 

(Noches de bohemia y de ilusión yo no me doy a la razón tú como te olvidaste de eso...Navajita Plateá)


Abandonado a tu suerte, caminas por lo oscuros rincones de las calles proscritas al mundo. Intentas olvidar tus sinsabores amparándote en la vida de los seres que, como tú, andan desperdigados sin saber que hacer con sus vidas (como casi todos) pero que al menos tienen el valor de salir en busca de algo que les sirva de sucedáneo. Todas las noches haciendo el mismo recorrido, platicando con la misma gente, visitando los mismos lugares; allí, a lo que se ve, encuentras el refugio que necesita tu cansino espíritu y el reposo a todas tus lágrimas.

Al final del día; mejor dicho al comenzar el día, te encuentro de regreso con una tímida sonrisa en el rostro y el gesto cansado de tantas noches sin dormir. Mi buen amigo, mi amigo de tantas horas de charla distendida y risas cómplices; cuando te diviso no sé si apenarme ante tu pena o alegrarme al adivinarte sonriente, aunque cansado de buscar lo que nadie encuentra.

Sé que escribes de tus sueños por el día, para vivir tu vida por las noches; al contrario que casi todos, que vivimos ( es un decir) a lo largo del día para entregarnos al descanso y a los sueños cuando el sol deja de latir. Tu siempre contracorriente, siempre te gustó la vida bohemia y fuera de los cauces y a lo que veo tu pena te ha servido al menos para ver cumplido uno de tus sueños.

A veces me apetece encaminarme hacia ti y preguntarte por tus cosas, pero sé que no lo quieres, no te gusta que los que como yo fuimos tus compañeros de juegos y fatigas te veamos en tu estado de abatimiento y por eso respeto tu lejanía sin dejar de preocuparme por tus asuntos que un día fueron los míos y los de tantos. Porque si por algo te distinguiste siempre, fue por la facilidad para hacer amigos; tenías y aún conservas ese don de gentes que hace fácil estar a tu lado.

En fin, mi querido y viejo amigo, lo que tú no sabes es que sigo preocupándome por ti y que algunas noches me acomodo en un discreto rincón del tugurio donde te gusta reposar tus doloridos huesos en compañía de las gentes que has escogido como compañeros de batalla.

Allí, sin que lo percibas, me gusta contemplarte, siempre dirigiendo la conversación y despertando la atención y la curiosidad de todos los que te rodean ( siempre lo hiciste) y mi corazón se alegra, porque sé que en el fondo del tuyo siguen latiendo los mismos sentimientos y las mismas inquietudes. A veces le pido a la dueña del bar que ponga una canción (Noches de bohemia........"yo no encuentro una explicación solo la desilusión de que falsos fueron tus besos" ) que a los dos nos gustaba porque su letra nos decía tantas cosas y sonrío envuelto entre humo de cigarrillos y olor a ron y ginebra barata al verte entre tu gente, que ya es un poco la mía.

Llevas en el corazón una profunda herida que aún no ha cicatrizado; conociéndote como te conozco también sé que no cicatrizará nunca. Estás escribiendo el libro de tu vida sobre páginas ya escritas por otros antes que tú y me gustaría que cuando ese libro ponga la palabra fin, el objetivo que te marcaste se haya cumplido con creces y el balance nos lleve a todos a pensar que no te equivocaste.

Si así fuera me gustaría escribir el prólogo a tal aventura y dejar constancia de que quisiste y te quisieron, de que amaste, pero no te amaron y que al menos intentaste ser consecuente contigo mismo y un poco feliz.

 

JOSÉ IÑARREA (NUBERU)