LA DAMA DEL BOSQUE

 

La dama del bosque,
designio del misterio sexual.
Bajo los velos castos de las palabras,
reina de recios árboles, sueño de la noche,
senos de azahares rosados, lenguas
de sol y de luna en su cutis lamido.
Ella está virgen de los años,
el tiempo ha prescindido los lisos lujos
asentados en su nítido cuerpo.
Dama de ojos verdes como la absenta,
escanciando el cervatillo de los espejos
del arroyo. Abreva esencia de flores;
entrañas de las venas frutales, las fecundas
y líquidas vísceras del suelo.
Uvas de hielo en invierno, hogueras
de vendimias en el verano. Y las lunas ondean
en el río, como en una dulce cratera de leche.
Mujer de la tierra impetuosa,
uñas de sangre sobre las rosas, pies de viento.
Mujer que espera recostada
en la colina de la taciturna oscuridad,
en un soberbio silencio del espíritu.
Conozco los pétalos de su piel,
cuando deshojada queda en mis brazos,
pálida y tibia igual que las lágrimas de la nieve.
Misterio ardiente me aguarda.
Un canto mío como las frías lecturas del viento.
Escribir en las hojas muertas del bosque,
esparcidas en sus ojos de tensa pantera,
crípticos y violentos. Sabor de sus músculos.
Allí donde las tormentas grises y blancas son vencidas.
Y la miel de sus pupilas me ha leído,
y guarda las palabras
que guardaron a mi alma.


DANIEL ALEJANDRO GÓMEZ