LA CREACIÓN

(P o l v o   d e  E s t r e l l a s)

[Esta historia la inventé a petición de Doña MMg.C.D. profesora del taller literario de la Casa de la Cultura en Compostela-México... Posteriormente, los 9 niños de su taller la adaptaron, ampliaron, ilustraron con dibujos a la acuarela, y finalmente encuadernaron un ejemplar y me lo enviaron aquí a las Españas por correo. De todo esto que me sucedió ¡me siento orgulloso! Aquí os traigo un resumen del original que les envié]

Había una vez, cuando el mundo tenía el tamaño tan sólo de un garbanzo... ¡Ah!, ¿Pues que no me creéis? A ver usted que me lee, ¿por qué me mira con ojo cuadrado?,¿ por qué piensa que ni con jabón de Puebla? Veamos... sí, a usted le echo este torito: ¿Quiénes fueron nuestros primeros padres?... No la escucho bien... ¡Ya! ¡Adán y Eva! Pues qué bien, qué aplicadita es usted... Pues veréis, todas, todas las historias pueden ser o no pueden ser. Lo cierto es que hay muchas formas de contarlas: de forma divertida, o imaginada, o muy seriamente -como a mí me gusta-... aunque casi todas se parecen. O sea, que ustedes quieren ser como ya son, es decir, DIFERENTES, ¿no es cierto? Pues igualmente las historias se pueden contar de diferente manera: Por ejemplo, vos respondió a mi pregunta y su respuesta corresponde a una historia que muchos de nosotros conocemos y creemos...
Pero si esta pregunta yo la hago a un esquimal, allá en el Polo Norte, me dirá que los primeros padres vinieron de las estrellas...
Si por el contrario, estoy en Etiopía, las gentes de allí me dirán: ¿No ves esos valles excavados por los señores arqueólogos? Pues los huesos y utensilios desenterrados pertenecen a nuestros primeros padres -hará como 2 millones de años atrás-. Evolucionaron de una especie común, los HOMÍNIDOS, primos hermanos de los monos africanos, y, que desde aquí, se extendieron por el mundo. Los arqueólogos, a nuestro primer ancestro descubierto -curiosamente fue una mujer- le dieron el nombre de Lucy. Y que ustedes, como viven en el continente de América, tienen los primeros padres más recientitos, pues acá llegaron tan sólo hace unos diez mil años, ya que en aquella época no había barcos, ni aviones, ni carros, ni cohetes. Para que os hagáis una idea, sabed que nuestro SOL tan sólo tiene 5 mil millones de años -digamos que todavía está joven, pues aún le queda como otro tanto- Porque sabed, todos, todos los astros, así como todas las criaturas una vez nacieron, viven y, por último, se les acaba el combustible... Pues sabed, que también a nuestro SOL, dentro de aproximadamente 5 mil millones de años, le llegará su final: se apagará y finalmente explotará... ¿Que ya no estaréis aquí para verlo? ¡Quién sabe! Cerrad los ojos... y soñad. ¿Veis? ¡Soñar no cuesta nada! ¿Que diez mil años son muchísimo tiempo? ¡Qué va! Veréis: Nuestro SOL, por ejemplo, dijimos que tiene unos 5 mil millones de años. Imaginaos que todos esos años cupieran en un día. Un día tiene 24 horas, ¿no es así ? ¡Ajá! Si multiplicamos por 60 obtendremos los minutos que tiene un día. Y si volvemos a multiplicar el total de minutos de un día por 60, ¿qué obtendremos? Pues bien... un día tiene 86.400 segundos. Volvamos atrás y retomemos la cuestión que os planteaba, ¿la recordáis?¿Alguno de ustedes nos dice dónde nos habíamos quedado? ¿No? ¡Vaya! ¡Qué distraídos! Por esta vez les responderé de violín. Decíamos que sus primeros papás -que para nada eran monos, sino con la apariencia que ya tenemos- recalaron acá hace 10 mil años. Bien, pues todito ese tiempo representa, comparándolo con la edad del SOL y si ese tiempo lo metemos en un solo día..., ¡ni 1 segundo representa! Exactamente: 170 milésimas de segundo. Probad y haced un chasquido con los dedos. Bien, pues ese ruido correspondería aproximadamente ¡a 57.870 años! ¿Veis qué poquito serían entonces 10 mil años?
Bueno, bueno... ¡ya veo que les duermo! Pero yo me sé la historia, la verdadera historia de nuestros primeros papás. Y... no se parece en nada a las historias que les contaron: La de Adán y Eva, la de Lucy... La mía tiene que ver más con la de los esquimales, aunque también es diferente. ¿Queréis escucharla? Pues allá va:

Recordad el chasquido de vuestros dedos... Pues, cuando el mundo era como un garbanzo, sonó un gran chasquido (como 2 ó 3 segundos) y... ¡oh, maravilla!, apareció una gran nube de miles y millones de colores. -imaginaos cuando el mago saca de su chistera un enorme conejo blanco, 10 palomas o mil pañuelos de ese espacio tan reducido-. Pues bien, aquella materia concentrada comenzó a empujar, estirarse, alargarse y hacerse jirones como una gasa... ocupando todo espacio vacío que encontraba en el infinito. Y durante otros 2 ó 3 segundos más, aparecieron estrellas, nebulosas, firmamentos, galaxias, astros, satélites... y como en cualquier historia, unos Gusarapos, llamados ahora agujeros negros, es decir, unos tragones de cuidado, pues su comida consiste, en vez de enchiladas, en buenas fajitas de estrellas, cometas y asteroides... ¿Habéis agitado alguna vez una botella de gaseosa? ¿Y si la abrís de repente, qué sucede? Pues eso es una pobre imagen de la velocidad a que se ensanchaba el mundo, que lo hacía, como ya sabéis, a la velocidad de la luz, y la luz corre igualito a la velocidad de vuestra imaginación... Así, por ejemplo, desde la tierra a estrellas que ya conocemos por los telescopios de los astrónomos nos separan unas distancias, a veces, cifradas en varios millones de años luz... Hoy todavía, el mundo sigue ensanchándose...
Pero volvamos a nuestra historia. Cerca de un Gusarapo... había dos hermosas estrellas gemelas: Una era rubia, que más bien parecía de un color oro plateado; la otra de un rojo bermellón intenso. Ambas giraban sobre sí mismas: en un hermoso baile elíptico, una veces; redondo, las más; y, como si se enfadaran, en forma lineal opuesta, era su peor manera -es como si tiraran cada una del extremo de una cuerda-. Entonces la órbita era errática, y, a veces tropezaban con planetas, cometas y asteroides; y, claro, pobres astros, pues salían despedidos como un cohete para no volver nunca más... aunque el que caía en los dominios del Gusarapo, ¡Glub!, desaparecía para toda la eternidad.
Prosigo mi plática... Pues había también, en el extremo último, donde jugaban al corro de la patata las dos estrellas Gemelas que os mencioné, un pequeño Asteroide, llamado Edén -Por cierto, el nombre es pura coincidencia con el famoso Jardín del Edén, donde se supone vivieron Adán y Eva- Y os lo describo: Tenía forma de durezno, achaparradito, y con muchos agujeros... No era más grande que 1 millón de campos de fútbol. Estaba formado por roca verde, parecida al cristal, pero de superficie muy rugosa. La tierra se concentraba en los agujeros, parecidos a cráteres de volcanes, aunque más bien parecían el brocal de un pozo. La tierra era de un color rojo bermellón, como una de las estrellas gemelas, posiblemente polvo de ella. Y tenía tres ríos, aunque uno nacía en forma de geiser... Pero en el color diferían: El primer río era el de agua incolora, potable y cristalina. Era plano uniforme, como una longínea carretera, sin árboles que le acompañaran. El segundo ascendía en vertical a una altura de 100 metros, era de color sulfúreo, como la otra estrella gemela, y se dejaba caer otos 100 metros más allá de donde nacía, para desaparecer para siempre. Era pues, un río suspendido en el aire, en forma de cola de caballo presumida y, como veis, distinto a los nuestros. Y el tercero era el más hermoso: Era como una serpiente alegre, rodeado de frescas sombras y árboles inimaginables -uno de ellos, el no va más, se llamaba el árbol de la Creación - Así pues, este tercer río albergaba peces voladores que frezaban en la copa de los árboles; aves nadadoras que excavaban galerías en su lecho, para poner los huevos y tener descendencia; y sólo un mamífero terrestre: el Unicornio Salado, que era además un ser nadador y volador también. Y todos estos animales y plantas se alimentaban del aire. Por tanto, no había lugar para matarse entre ellos y comerse. Bien... El unicornio salado era una especie de pony, de un color azabache negro y dos antojos a los lados: uno bermellón, en forma de fresa; y el otro azufre, en forma de banana. Tenía un pequeño cuerno en la frente, no más grande que una castaña y de color plata; allí se encontraba el órgano más importante, llamado comunicador, y que le servía para entenderse sin hablar con todas las plantas y animales de aquel río. Y luego, estaba árbol del que os hablé. Era un árbol especial: Su porte no era de estatura muy elevada, como unos 5 metros; pero su copa era muy extensa y era la preferida para el desove de los peces voladores. Pero este árbol tenía muchas habilidades. La más singular era que sabía cantar. Su voz era dulce y enérgica. También era el lugar preferido para descansar del Unicornio salado. Un día el unicornio, sin hablar, se dirigió al árbol y le preguntó (supongo que por telepatía):

-A ver, ¿Por qué te llamas Creación?

-Supongo que porque debo crear algo.

-Está bien, Creación. ¿Exactamente qué? Mira, no es por nada. Todos los demás árboles y plantas dan flores, semillas y una gran mayoría también frutos. ¿Tú para que sirves?

-Doy cobijo a los peces voladores y también a ti.

-Eso ya lo sé. Pero no das frutos ni flores, ¿para qué entonces ser un árbol?
Creación ni se inmutó. Al instante, pero con calma, le respondió añadiendo una pregunta al unicornio.

-¿Para qué sirven los frutos?

Creación hizo una pausa.Y tranquilamente prosiguió.

-Ninguna utilidad tiene dar frutos, que se supone son para comer, pues los árboles de este asteroide sólo se alimentan del aire. Además aquí los árboles no se reproducen por semillas. Antes de morir un árbol, una de sus raicillas emerge y he aquí cómo se nos reemplaza.

-Pues tienes razón, Creación.

-Además, si hasta ahora no he dado frutos, de esos que también contienen semillas, será porque no es necesario, ¡quién sabe... ! A lo mejor, si mañana los doy, será porque seré útil, como hasta ahora lo soy contigo y los peces -reflexionaba enigmático-.

En ese momento se armó un gran alboroto. Los peces voladores silbaron de terror, alejándose veloces. Las aves se sumergieron en las profundidades de las aguas. El geiser río de oro enmudeció. Y el Unicornio salado chocó con Creación. A los pocos segundos volvió la calma.

-¡Ya estamos de nuevo!- farfulló el unicornio- ¡Ya están jugando las Gemelas a la órbita lineal! Ya sabéis que, cuando esto ocurre, es seguro que Gusarapo ya tiene algo que tragar. Y aunque Edén estaba a salvo, siempre, el vacío que los astros desaparecidos dejaban, producía desasosiego a su alrededor. Los daños en Edén eran mínimos, pero el susto considerable… Por ejemplo, Creación se inclinó y observó los distintos desoves esparcidos a su alrededor. Porque, ¿sabéis?, una de sus habilidades era que podía también desplazarse a donde quisiera. Se estiró todo lo que pudo, sacó una de sus raíces profundas y se desplazó unos 5 metros a su derecha -, pues allí estaban esparcidos, en forma de rosario de un intenso color naranja, los huevos de los peces canos voladores, y los volvió a depositar en la parte central de la copa. Al poco, el río geiser reapareció mostrando alegre su amarilla cabellera suspendida. Y poco a poco los animales asomaron sus asustados cuerpos. Unicornio comió un poco de aire, pues el golpe le había abierto el apetito.

-La comida sabe rara… Uhm, demasiado condimento hoy. ¡Sabe a azufre!

-¡Ja, ja, ja! -rió Creación- Te pasa por tragón. Hay que esperar a que vuelva la calma.

-Es que los sustos siempre me dan hambre.

-¡Ay!
Y Creación se retorció levemente, como si un pinchazo lo atormentara.

-¿Qué te ocurre Creación? -se alarmó Unicornio salado, mientras volaba a su alrededor-

-No es nada. Un pequeño retortijón… ¡Ay, ay…! -se lamentó de nuevo-

De repente, Creación cambió de color. Un intenso rojo rubí ascendía por su recio tronco y se extendía por los brazos de sus ramas, y al mismo tiempo giraba en círculos sobre sí mismo. Había sacado todas sus raíces del frescor de la tierra, ahora también rojas, como la sangre, y se sostenía sobre las puntas en giro extasiado mientras elevaba todas sus ramas hacia el cielo. Unicornio se alejó. Contemplaba atónito la transformación de su amigo refugio. Él, que todo lo anticipaba, se sentía desconcertado, expectante.

-¡Aaaah! -una vez- ¡Aaaah! -una segunda vez-

Es como si algo grande fuera a ocurrir. Un seco y sonoro grito turbó la tranquilidad recuperada del serpenteante río: Dos hermosas criaturas aparecieron entre la maraña de raíces de Creación. Y a nada conocido se parecían. En lugar de cuatro piernas como Unicornio y alas, solo tenían dos; y en lugar de alas, dos extremidades terminadas en dedos. Y caminaban erguidas. Una criatura tenía unos hermosos cabellos negros y en medio de sus extremidades inferiores colgaba un breve apéndice cilíndrico; los cabellos de la otra criatura eran de color castaño claro y equidistante a sus ingles levemente se marcaba dos pequeños pliegues a modo de labios. Se acercaron a un árbol de los frutos y comenzaron a comer. Creación los miró tiernamente, hundió de nuevo sus raíces y recolocó la freza de los peces.

-Esto era, amigo Unicornio, para lo que fui creado: Para traer para Edén a estas dos criaturas.

-Se llamarán: la de cabellos claros, Niña; y, la criatura del apéndice, Niño -sentenció Unicornio-

-¿Ves? Ahora todo encaja. No tenía sentido para nosotros los frutos de algunos árboles... Ahora ya sabemos que estaban destinados para ser alimento de Niña y Niño -comentaba ya más relajado Creación-

No obstante Unicornio salado y Creación todavía no entendían qué significaba el nacimiento de Niña y Niño. ¿Cuál sería su destino? Pero sí barruntaban que algún sentido cósmico habría... Pues, a pesar de que todas las criaturas anteriores en Edén se alimentaban del aire, incluido los árboles, ¿para qué servía que algunos diesen frutos, que, luego, ni germinaban ni servían para comer? Finalmente, con la llegada de Niña y Niño, toda aquella aparente incomprensión y aquel derroche sin sentido de la maquinaria Naturaleza alcanzó su real dimensión... Así que siguieron los acontecimientos y se volcaron en atenciones, tutelando y protegiendo a estos dos extraordinarios y, también parecía, complementarios seres. Ya desde el principio, lo que llamamos trabajo, no les faltó a Unicornio y Creación. Niña tenía un carácter dulce, siempre estaba preguntando, pues quería saber absolutamente todo de todas las criaturas que le rodeaban. Le encantaba refugiarse en Creación para que le cantara, no tardando mucho en aprender todo su repertorio musical. Niño era un ser inquieto, siempre indagando y escrutando cualquier rincón que le llamara la atención. Así, requería de Unicornio sus servicios. Montaba a su grupa y le decía:

- Llévame al río geiser amarillo volando -y le clavaba los talones en las ingles-

Unicornio, a veces, protestaba, pero siempre accedía complacido a sus caprichos. Niño se enganchaba con sus dedos a las crines y comenzaba a gritar:

-¡Vamos, Unicornio! A ver si puedes de un solo salto llegar a lo más alto del río geiser.

Y cuando llegaban, Niño saltaba sobre la cresta del geiser y se dejaba llevar por la corriente de las aguas, como si se tratara de un tobogán. Y, de pronto, desaparecía por las entrañas de la tierra, volviendo a emerger en lo alto de las aguas. Y así continuamente, como hace un tío vivo. Unicornio disfrutaba de sus travesuras. A Niño le encantaba embadurnar las axilas de los peces voladores con resina, mientras dormían. Y cuando despertaban e intentaban el vuelo, caían como fardos desde arriba de las copas de los árboles. Buceaba mejor que las aves y les cambiaba de sitio sus huevos. Niña reía las ocurrencias de su compañero, pero siempre acudía solícita para ayudar a las víctimas, aliviando algún chichón que otro. Pronto, debido a su curiosidad, aprendió todo sobre los frutos: sus cualidades, remedios y las distintas épocas de recogida. Uno a uno conocía plantas y animales de todo Edén. El tiempo parecía detenido, pues su aspecto apenas había cambiado, tan sólo ellos en estatura. Siempre comían juntos, daban grandes paseos cogidos de las manos recorriendo todos los rincones. A veces, Niño desaparecía de improviso, creando desasosiego en su compañera. Pero al poco reaparecía de súbito tras cualquier escondite, provocando un mohín de enfado y alegría al mismo tiempo en ella. Y Cuando caía la noche, se acurrucaban juntos, entrelazados en un hueco que les facilitaba Creación. Su vida transcurría en un permanente juego, en definitiva, alegrando toda la existencia de Edén.
Hasta que un día sucedió. Primero fue un leve temblor. Y, como otras veces, todos los animales desaparecieron; incluso el geiser río oro o amarillo se escondió. A continuación sonó un ¡Blum! seco, que partió al río serpiente en varios trozos, hundiendo árboles y abriendo grietas de unos 10 metros de anchura. Al poco, ¡Blum! ¡Blum!, dos veces repetido, rajando de un tajo a Edén en dos mitades, que en vez de divergir rozaban entre sí, provocando la fricción un ancho y altísimo reguero de fuego. Y de repente, Edén comenzó a girar sobre sí mismo en un frenético y descontrolado baile, como si fuera fuertemente zarandeado, peligrosamente atraído. En uno de esos giros, Edén vio la garganta abierta de Gusarapo que lo intentaba succionar. Se escurrió hacia su órbita en un quiebro extraño, más no pudo encontrar el equilibrio. Demasiado tarde avistó a un planeta que se le venía encima. ¡Braaam! , imposible evitar el encontronazo. Fue sólo de refilón, pues si llega a ser de frente se desintegra al instante. Giraba sobre sí mismo y se proyectaba hacia delante a una velocidad ya fuera de su control. Y empezó el gran viaje. Primero la grieta de partición se fundió; luego comenzó poco a poco a sonrojarse; terminando, por fin, en una inmensa bola de fuego a su alrededor según avanzaba, sin freno hacia lo desconocido. Atrás quedaba un nuevo reajuste de equilibrios, después de esta última travesura de Edén ahora era un gran témpano de hielo y roca sucia y su estela un aura de fuego, pero que no le consumía. Emprendía así su gran viaje, con todas sus criaturas dentro, ya fosilizadas, incluidos Niña y Niño, pues semejantes cambios ningún ser vivo podía soportarlo.

En aquel tiempo dominaban en la planeta Tierra, un planeta chiquito y de un hermoso color azulado, las criaturas llamadas Dinosaurios. Hace de esto unos 65 millones de años. A ver usted, Frida, pues es nuestra contadora oficial. ¿Cuántos minutos u horas representan 65 millones respecto a la edad del Sol?¿Ya perdió la cuenta? ¡Pero si es muy sencillo! Bueno, es un poco más de un cuarto de hora; exactamente 18,73 minutos equivalen a 65 millones de años, referidos a la edad de nuestro Sol. Pues seguimos contando... Aquí en Sonora había en aquellos tiempos un hermoso lago. Sí, sí todita la extensión de nuestro Estado era un páramo lacustre con hermosas laurisilvias Sonora era un pacífico paraíso para los Diplopocus gigánteos. Era el lugar de vacaciones más hermoso de la tierra, pues aquí venían individuos jóvenes a disfrutar, tal como hacemos ahorita con los campamentos o colonias de verano. Los Dinos monitores también eran adultos más bien recién llegados, pues su estatura alcanzaba ya los 55 o más metros y su peso llegaba hasta las 20 toneladas Tenían un cuello semejante a jirafas, pero de 15 o 20 metros de longitud. Algunas Laurisilvas subían 100 metros de altitud. Los helechos gigantes medían 25 o 30 metros y eran un manjar, como las lechugas para nosotros. El lago Sonora sólo era profundo en su parte este y norte, llegando a su lecho en 900 metros y hasta 3000. Así, el mar que ahora conocemos, entonces se encontraba unas diez veces más allá, y que toda esa extensión era ocupada por los bosques que aquí os relato... En la parte sur y oeste, la profundidad era tranquila, de 25 a 100 metros no más. Al ser las aguas dulces, estancadas y someras los rayos del sol las calentaban y era hábitat preferido de una variedad de exquisitas algas rizadas de color naranja chillón, que tenían un sabor parecido a nuestras tiernas panochitas de maíz, untadas en mantequilla, recién horneadas y un chorrito de caramelo. ¡No es de extrañar que nuestros Dinos de Sonora fueran los más esbeltos del planeta.
Pero de aquí vamos a dar un salto en el mapa, en línea recta, a nuestra derecha y hacia abajo; así llegamos a la otra mar océana y de aguas más bravas. Pues entonces... ¡no existía! Era un hermoso vergel, más exuberante que nuestras laurisilvas, era una borrachera de especies variadas y distintas, pues cada 2 metros nada se parecía a lo anterior. ¿Entendéis lo de borrachera en el sentido de increíble? -por las cosas que se dicen y se balbucean, ¡ja, ja, ja!- Un poquito de broma no viene mal, pero sabed que a las personas que se les sube la bebida a la azotea les entra mucho sueño y mucha flojera y, a veces, tremendos dolores de tripas y cabeza. ¡No es bueno entonces abusar del alcohol!
Bueno, pues acá termina y empieza nuestra historia... ¿Os acordáis de Edén? Habíamos dejado a nuestro asteroide vagar en el espacio, en un frenético viaje... Llevaba así unos 3 días de viaje. Acordaos de nuestra comparación, eso quiere decir, traducido, unas 3 veces la edad de nuestro Sol Exactamente unos 15 mil millones de años. Y de pronto, salió de su vulgar e inexorable rutina, pues su combustible empezó a fallarle. Edén, notó que aquel empujón recibido de las estrellas Gemelas, perdía intensidad. Era como si se gripara un motor, pero a lo bestia, claro. Una de las mitades, recordaréis que se fundió, volvió a presentar grietas cuando avistó nuestro Sol, y a los pocos segundos fue atraído hacia aquel núcleo amarillo sucio en llamas, una mini estrella comparado con una de las Gemelas, a una velocidad de succión increíble. ¿Por qué sólo esta parte y no las dos? Es un misterio incomprensible, nada científico, pero niños... ese milagro existió -Si no hubiese ocurrido así, no podría contaros esta historia-. Pues bien, sigo contando: Aquella parte ocupada por los ríos geiser oro y plano incoloro fue pronto devorado y fundido. Sólo la parte del río serpenteante, desafiando cualquier explicación lógica -ya os comento que lo que ocurrió es un capricho cósmico o un verdadero milagro- y todos sus fósiles viajeros prosiguieron adelante, en una carrera cada vez más floja y desacelerada. Al paso por Júpiter, otro gajo verde de corteza se desprendió. Y más adelante, una leve esquirla fue arrancada por la gravedad del planeta rojo. Poco después, Edén dejó de tener control sobre sí mismo. Viajaba ya dando tumbos, como un beodo. Una nueva, pero tenue, atracción sintió de algún lugar todavía no avistado. ¡Ah, sí! Es un puntito azul apenas esbozado allá en la lejana negrura del espacio.
-Ya le veo, sí, es como si fuera una pelota algo desinflada.
A Edén le dio como un mareo, y comenzó a caer pesadamente hacia el negro abismo. Y sintió aquellos brazos que tiraban, cada vez con más fuerza, de él, que lo atraían. Sintió de pronto el aliento de aquel planeta azulado, un aliento ardiente y que lo incendió de nuevo, cuando ya entraba en sus entrañas... era un planeta que respiraba, igual que Edén...

-¡Que dulce abandono! -pensó-. Por fin termina mi pesadilla. ¡Que bien, dormiré en ese lugar, casi reconocido!

Cerró los ojos -es como decir, que expiró-, abandonándose a aquel ser que le recibía. Ahora era una hermosa bola de fuego. Y... ¡Cataplum, cataplám, cataplum! Como cien mil veces rebotando fue el choque de la mitad de Edén en nuestro Jardín Mágico, ahí donde ahora hay la mar océana... Toda la tierra con sus incontables y distintos árboles se hundió profundamente. Es como si hubiesen caído 100 mil bombas atómicas en ese mismo lugar -a lo mejor exagero un poco, pero es para que os hagáis una idea- Tal fue el impacto, que la media mitad de Edén se desintegró en pequeñas partículas de polvo, mezclándose con la nueva tierra que impactó. Una densa y oscura nube de polvo invadió el planeta Tierra, haciendo irrespirable su atmósfera. Y claro... sólo pudieron salvarse los pequeños animales, o bien los que poblaban aguas profundas... Nuestros Dinos, desaparecieron, pues la mayoría no pudo esconderse, dado el tamaño que tenían. Unos se abrasaron, otros se asfixiaron... pero los que aún pudieron sobrevivir, porque sí pudieron esconderse, de hambre perecieron, pues tanto árboles como plantas quedaron quemados... y, de animales pequeños, que también escaseaban, tendrían que comer cantidades industriales... Y ya se sabe también, que de los hielos, escasa comida se saca... Así que era cuestión de tiempo el que les condujo a su fatal destino. ¡Adiós, dinosaurios, adiós!
Al mismo tiempo de la colisión de medio Edén contra nuestro Jardín Mágico produjo otros efectos, más bien cosméticos. Es decir, como si la madre Tierra se hiciera manicura, o se empolvara un poco, o diese rimel para salir de fiesta. Veréis: El cráter producido se inundó de agua -Ahorita ese sitio es nuestro actual Golfo de México-; donde el lago Sonora se agrietó el piso desapareciendo su agua, igual que en un desagüe de una bañera en nuestras casas. Al quemarse el bosque y también hundirse el suelo provocó que el mar se apresurara, dada la pendiente, a ocupar aquel espacio hasta colmarlo... Y pensad, si algo así volviera a ocurrir, seguro que a nuestra ciudad el mar se la tragaría -Pero esto, niños... ¡es otra historia!- En otras partes se produjeron terremotos, los volcanes se constiparon, llovió más de cuarenta años, algunas montañas desaparecieron y otras empujando se asomaron... En fin, simplemente mamá Tierra se acicalaba, como dije, para ir de juerga.

Pasaron todos estos acontecimientos, como os decía, hace 18,73 minutos de nuestro reloj especial -repito, hace 65 millones de años- Pero lo más extraordinario volvió a ocurrir hace apenas 7 minutos de nuestro reloj -unos 2 millones de años- Y esta sí que es una mágica historia, mi verdadera historia de la Creación. ¿Recordáis en que se transformó Edén y qué transportaba?¡Ajá! La Tierra terminó de acicalarse. Y entonces los animales y plantas otra vez la repoblaron. ¡Y, oh magia! Allá por donde pasaban, si pisaban una granito de polvo desintegrado de lo que un día fueron Niña y Niño, pues como si fueran una magneto, se atraían y se juntaban... Y así grano a grano fueron reconstruyéndose aquellas preciosas figuras, aquellos maravillosos seres. Durante todo ese tiempo se juntaron aquellos granos de polvo traídos por Edén del confín de las estrellas Gemelas. Y este fue un maravilloso milagro. Aquí, en el este de México, nacieron los primeros padres de la humanidad, que se multiplicaron y extendieron, como en algunos libros se dice. Llamadle como queráis, ¿qué más da Niña o Niño? Así que, queridos niños, esta fue la semilla que nos trajo Edén. Ya sabéis porqué se dice que la vida vino de allá y prendió, renació aquí en este Planeta azulado llamado Tierra.
Además, ya al principio os lo dije, las historias pueden ser o no. También escuchad todas las otras historias que os cuenten, aunque sean diferentes, todas son hermosas, porque todas ellas pertenecen a una misma realidad. ¿Qué más da que a usted te guste más la historia de Lucy ? ¿O la que cuenta la Biblia? ¿O, tal vez, la de los esquimales? ¿O por qué no, la que yo os cuento de Edén y su polvo de estrellas y que ocurrió aquí en México? ¡Niños, soñad e inventad...! Que yo también estoy dispuesto a escuchar vuestra verdadera historia. ¿Os atrevéis? Pues enviádmela.
Y colorín, colorado....
FIN.

NOTA:

Señora Profesora: Espero que usted me corrija los defectos del habla que intento imitar (para que se ajuste a su forma de expresión). También le quedo agradecido, si corrige las imperfecciones geográficas y ponga en los apartados de paréntesis "[]" los nombres de los niños como usted considere... Intento que se empapen de la historia... y si en algo desacierto (forma de contar los "años", pues sepa usted que los cuento de "cabeza" y eso... muy científico no es, ja, ja, ja): Que es un texto abierto a su corrección... Así que puede suprimir todo lo que se haga tedioso (Le informo que el que se está durmiendo soy yo. ¡Ja, ja, ja!) Y por último, muchas gracias por su confianza. Lamento no ser algo más original y ameno. (Por usted y sus niños, claro)

Un abrazo. JULIO.


JULHUM
Fuenlabrada, 14 de Agosto de 2003