Bertoldo García
F. Alonso vega
La Nueva España, 10-7-99
Os
contaré mi historia: me llamo Bertoldo García, Bertol, nací durante un ensayo del Auto
de los Reyes Magos en un local al que mis padres acudían a preparar obras de teatro
independiente. Ellos buscaban un futuro libre y progresista al que habrían de llegar a
través del arte de Talía, que es el mío. Pronto aprendí a decir mamá, papá y
Stanislawski. Mi primer trabajo, un papel en el «Paso de las Aceitunas», de Lope de Rueda.
Mis padres y sus amigos eran, claro, universitarios, de los de «que vienen, que vienen»,
poetas, filosofos, creadores románticos en pos de un lenguaje teatral propio. Sí, lo
sé, en el mundo del arte somos narcisistas, necesitamos que nos escuchen y nos vean,
sentimos ebriedad de gustar, deseamos amar y ser amados. El mundo de los sueños, un nuevo
mundo, será nuestro. Mas, ay, mísero de mí, hay que joderse, mis padres que planearon
viajar a Cuba y Nicaragua se quedaron en Torremolinos. Y vuelta mi madre, ay, mísero de
mí, hay que joderse, se lió con el concejal de Cultura de este Ayuntamiento. Ese tío,
Ramón, que viene de sus tareas municipales a regentar su pub Ramao's. ¿Saben ustedes
dónde? Pues ni más ni menos que en el local en el que se ensayaba y con ello se
contribuía al cambio. Ramiró un gijonés de toda la vida, responde: babayu,
egocéntricu, el mundu vuestru ye obsesivu, sois enfermizos, los creadores tenéis más
rasgos neuróticos qué el común de los ciudadanos. Opino DE QUE VIVIS en otra
galaxia, no os pongáis así, considero DE QUE podemos hablar sin acritud, sin ningún
tipo de ostracismo, pienso DE QUE puedo solicitaros una subvención. Este pub va a ser
remodelado, ya hablamos con Chus Quirós, vendrán a la inauguración Víctor Manuel y
Tini y Gabino. ¿No queréis cultura? En esta región no hay cultura, sólo pubs, vídeos
y bares. Una chica flipa y flipa, ¿de qué van esos capullos? Maxi Rodríguez, autor y
director de «El arte que hizo pub», interpretado por siete actores de «Toaletta
Teatro», enfrenta en esta pieza de un solo acto la dramaturgia de la realidad y los
sueños, las aspiraciones efímeras que acabarán posándose sobre las copas de un pub o
en los lavabos para esnifar coca. El humor, siempre presente. El lenguaje, coloquial lleno
de guiños populares y tacos. Yo flipo, yo es que flipo. Bertol y sus secuaces no son terroristas,
son simplemente artistas que buscan su salvación por el teatro y que utilizan un lenguaje
incomprensible para la sociedad contemporánea.
Buen trabajo de los actores. Amena, divertida.
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