| El teatro Campoamor cerró anteáyer el ciclo «Asturias en escena», promovido por la Fundación Municipal de Cultura, con la obra de Maxí Rodríguez «El arte que hizo pub», estrenada en Gijón el año pasado y leída en el ciclo de lecturas dramáticas «Teatro fin de siglo» en el | Círculo de Bellas Artes de Madrid. Crítica social, lenguaje del exabrupto y giros en clave de comedia marcaron la pauta de una representación que, para el autor, supone «un desahogo dramático, un reflejo de mi experiencia y, tras la función, el salir de un exorcismo». |
El Campoamor no hizo ¡puf! |
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El dramaturgo y actor Maxi Rodríguez cerró el sábado el ciclo «Asturias en escena» con la representación de «El arte que hizo pub» |
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Sobre el escenario, el decorado de un pub. Bajo la tarima, un público variado, jóvenes inducidos por el teatro y mayores acostumbrados a visitar el teatro Campoamor al menos una vez al mes. Lleno; y música discotequera. Así comenzó anteayer la obra del autor y actor de teatro Maxi Rodríguez «El arte que hizo pub», definida por su creador como «un desahogo dramático que analiza la condición del teatrero provinciano». Tras 15 años de trabajo, «El arte que hizo pub» conserva la imagen del grupo «Toaletta Teatro»: la crítica social ingeniosa en clave de humor, el lenguaje del exabrupto y el reflejo introspectivo de su autor. Cesa la música. En el pub, una pareja convence al camarero, a su vez concejal de Cultura de un pueblo cualquiera, para tomar la última copa. El diálogo se interrumpe con la entrada de tres encapuchados armados. La matanza parece previsible. Es entonces cuando surge la crítica amarga ante la pasividad de los responsables de la cultura en provincias. Uno de los supuestos atracadores, que en realidad no son más que teatreros provincianos, resume el nudo de la obra: «Ante el derribo del único teatro de este pueblo, ante la nula programación de la Casa de Cultura, ante el desalojo de nuestró local de ensayo y ante el apogeo de bares, pubs y videoclubes, el "comando Bululú", una vez descartadas las opciones de quemarnos a lo bonzo a la salida de ópera y asaltar en zancos la Moncloa, hemos decidido tomar el pub». Lo siguiente, metateatro provinciano, un telón bajo el telón y la demostración de la cultura alternativa, ingeniosa e independiente frente a la ignorancia de los amordazados. El grupo «Bululú» vuelve a escena. Entremeses, recuerdos y vivencias teatrales gracias al «atrezzo» ingenioso y a la pasió por el teatro. La madre de Bertol (en honor a Brecht), en otro tiempo una de las mejores actrices de la región, entra en escena y desmonta el altruismo de actores, desde una posición acomodada que ha dejado en el olvido las representaciones en la calle. Hace años dio a luz a Bertol en el pub donde se desarrolla la escena, ahora es una más de las madres rebeldes en los z penosamente resignadas años más tarde. «El canto del cisne» de Maxi Rodríguez finaliza con aplausos prolongados. «Parece que a la gente le ha gustado, y eso que en Oviedo el público parece más frío que en otras localidades». El arte, en esta ocasión no hizo ¡puf! |
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