El arte que hizo pubJ. Fuertes El Comercio, 15-12-98 Hace ahora un año el departamento de español, italiano y portugués de la Penn State University de Pennsylvania publicó esta obra de Maxí Rodríguez en su revista "Estreno". Quiere esto decir que el suceso cómico-dramático que el autor sitúa en el disco-pub de un pueblo asturiano ha encontrado eco y complicidad a muchos kilómetros de aquí. Esto es para bien del teatro que se escribe y se representa en Asturias, y para mal, porque los problemas del teatro parece que no les son ajenos en cualquier latitud. Por eso, a todos los que zurra Maxi Rodríguez en la obra, entre los que solicito el honor de incluirme, puesto que también arremete contra la crítica, tenemos el consuelo de formar legión. Somos una infinidad de gente los que estamos ahogando el teatro, y por eso yo acepto que de vez en cuando Maxi Rodríguez y sus personajes en busca de un autor, nos den alguna estocada de guadanopía. No obstante, quiero hacerle notar que en este pueblo, suyo y mío de adopción, la cosa cultural no va del todo mal, en general, y en particular el teatro. Cuando en mi pueblo, metafóricamente, derribaron el teatro, el primero que protestó airadamente fue un crítico, que no vive ni del teatro ni de la crítica. Luego, gastó cerca de mil duros en cartas, papel y fotocopias, consiguiendo firmas de apoyo, desde un Oscar de Hollywood hasta un premio Nobel. El crítico, junto con otros pocos, recogió flrmas en la puerta del teatro, y estaba dispuesto a poner banicadas el día que abrieran el 'pub'. Por cierto, la decoración se la habían encargado a Chus Quirós, a quien se menciona en la obra. Fste es el contraargumento de un buen algumento. El ingenio de Maxí Rodríguez hace que con la apariencia de trivialidades se digan cosas tremendas en el escenario. Maxi ama el teatro casi hasta el paroxismo, y por el teatro está dispuesto a desenvainar la espada sin respetar los nombres; tanto más meritorio, porque de algunos de esos nombres es de donde vienen las subvenciones. Maxi nos hace reír y nos hace pensar; más ya no se le puede pedir a un dramaturgo. Por si fuera poco, ha dirigido de un modo formidable a un grupo de actores que paiticiparon en cuerpo y alma en el nos ha divertido y nos ha ilustrado, además de ayudamos a amar un poco más el teatro. Estoy scgoro que cuando se produzca el próximo derribo de un teatro, allí estarán Maxi Rodríguez y sus muchachos con la espada desenvainada. |