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Dimensión Social

La Integración

La integración es un principio de vida y convivencia, basada en la no-discriminación y en la plena aceptación y en el reconocimiento de los individuos diferentes como miembros de pleno derecho de la comunidad a la que pertenecen. Supone una transformación radical de la escuela, que tendrá que convertirse en un espacio donde a los niños se les ofrezca la oportunidad de ser ellos mismos, de vivir en libertad, de desarrollar sus capacidades personales según el "ritmo" de cada uno y, entre todos, de poder descubrir el mundo que les rodea y encontrar su propia identidad.

Ello implica, desde un punto de vista operativo, la necesidad de poner a disposición de todos los sujetos con déficit más condiciones que los aproximen lo más posible a las circunstancias y al estilo de vida de nuestra sociedad y, en consecuencia, a las condiciones de escolaridad óptimas para todo sujeto.

Este principio de normalización escolar no debe ignorar las diferencias que con "la normalidad" pueda presentar el niño afectado de discapacidad. No se trata, por tanto, de someterle siempre a las mismas exigencias estratégicas o didácticas, o a idénticos modelos de organización escolar que a la mayoría de los alumnos de una edad determinada.

El principio de Normalización quiere decir que se acepta al sujeto con sus handicaps y que se facilitan las mismas condiciones de vida con las que puedan contar los demás ciudadanos, incluyendo el trato, la educación y la formación adecuados a las necesidades individuales de cada afectado, de forma que pueda desarrollar en nivel óptimo sus capacidades.

Desde el punto de vista pedagógico la Normalización implica la aceptación del principio de Individualización didáctica. Ésta sólo se podrá llevar a efecto en un contexto escolar en el que a cada alumno se le exija en función de sus capacidades y en el que el profesorado sea consciente de que cada alumno tiene "su propio ritmo".

La finalidad de esta concepción educativa sería la de integrar al niño en la sociedad. La integración, tomando como punto de partida la de la propia familia, pasa por la escuela, considerada como un medio social, que respeta las deficiencias del niño con patologías de crecimiento y le ofrece los recursos necesarios para su desarrollo emocional, social y cultural.

Para que la escuela se convierta en el motor fundamental de integración social tendría que ser un espacio a cuyos miembros se ofrezca la posibilidad de aprender a ser ellos mismos, de vivir en libertad, de desarrollar sus capacidades personales y de sentirse, ya desde su infancia, cercanos a los otros, con los que puedan descubrir su entorno y encontrar su propia identidad.

De todo este planteamiento deducimos que la educación de las minusvalías con patología de crecimiento, en su desarrollo, duración, programa y límite, se deberá ajustar a los niveles, actitudes y posibilidades de cada sujeto y no a su edad o estatura.